familia, Maternidad

Ahora lo llaman síndrome de “burnout”…

…pero en realidad es estar hasta la punta del moño, de toda la vida. Es uno de los temas recurrentes por los que me preguntáis, así que os cuento cómo lo llevo (cabe recordar aquí que no soy ni psicóloga, ni terapeuta, ni gaitas, y que hablo solo desde mi experiencia, avisadas quedáis!!).

El otro día volvía con todos los chicos de una tarde caótica al extremo en el parque cuando una señora me para y, después de los tres comentarios de rigor que os conté en mi primer post y tras lanzar una mirada escrutadora sobre la marabunta que me rodeaba, va y me suelta: “hija, es que tú tendrás más paciencia que un santo! No te quemarás nunca!”. A mí me salió sola media carcajada de esas que no se pueden retener, y mis hijos se la quedaron mirando con el ceño fruncido y cara como de querer resolver mentalmente una ecuación de tercer grado…

Y es que de paciencia no voy sobrada, sinceramente…y me agoto, como todas. Lo único que diré en mi favor es que poco a poco voy aprendiendo a gestionar emociones, a priorizar, y todo me resulta cada vez más llevadero.Y una cosa que es verdad y que siempre digo es que la cosa se me da cada vez mejor. Cada uno de mis hijos me ha aportado un grado más de capacidad para asumir y bandear el temporal que supone la locura de mi casa.

Yo creo que el problema nace de las expectativas. Estoy casi segura de que mis abuelas no sufrieron burnout. Y tuvieron cinco hijos y trabajaban en el campo y atendían sus casas y toda la pesca (esto como expresión popular, que en Extremadura mucha pesca, mucha pesca, tampoco. De río y gracias). Se vivía de otra manera. Porque no tenían expectativas ninguna, ni buena ni mala ni regular, se tiraba palante con el día a día y listo! Pero nosotras tenemos tal aluvión de información, que es francamente difícil aislarse y plantearse cómo queremos realmente afrontar la crianza de nuestros hijos.

Nos sentimos exigidas. Por lo que vemos y por lo que hacen otras. Aquí juegan un papel importantísimo los medios, las redes sociales, el famoseo…vemos en las revistas a la popu de turno recogiendo a su hijo del colegio, vestida como lo harías tú para una boda, fresca como una lechuga y sonriendo como si tuviera una percha metida en la boca y claro, comparado con tus vaqueros del lefties y tu jersey gastado del año del año pasado, te hace sentir a la altura del betún. Lo que no te paras a pensar es que ella no se ha levantado a las seis después de una noche de traca, ni ha tenido que pelearse con su nene para que desayune (porque tiene quien se encarga de esto), ni se ha ido a trabajar pillando el atasco del siglo, o tres cuartos de hora de metro abarrotado, ni ha recibido siete marrones oficinales, ni ha salido pitando y ha comido en un arcén de Plaza de Castilla para llegar a tiempo al cole…Y si trabajas en casa, pues lo mismo…eso sí que es el ciclo sin fin y no lo del rey león…Y cuando, después de un día agotador consigues domar la situación y por fin consigues sentarte media hora en el sofá a perrear, se te ocurre trastear por Ig y no ves más que casas maravillosas, niños preciosos y sonrientes al lado de sus mamás relajadas y felicísimas de conocerse…es aquí cuando empiezas a plantearte qué carajo estás haciendo mal tú. Y luego todas tenemos alguna amiga, o mamá del cole que parece incombustible. Trabaja fuera de casa y dentro. Su niño va siempre conjuntado y requetepeinado. Saca unas notas estupendas y por las tardes tiene música, inglés, kárate, fútbol, y padel los fines de semana…y encima ella está siempre tan contenta, oye…para eso no tengo explicación. Ojo! Que a mí me encantaría poder ser así y hacer toda esa interminable lista de tareas, envidio de verdad esa capacidad…pero tengo que asumir que yo no la tengo y aprender a llevar a cabo mi misión como madre conociendo mis posibilidades  y limitaciones. Pero si no tienes presente ésto, intentarás llevar esa vida de supermadre a toda costa, y no todas estamos preparadas…ojalá lo estuviéramos!!

Lo que está claro es que todas queremos lo mejor para nuestros hijos, pero es que lo mejor, en muchas ocasiones, dista mucho muchísimo de lo que estamos intentando. No os preocupéis, que no pasa nada, todas nos equivocamos..al menos yo, continuamente. Lo sufrí mucho con los tres primeros, sobre todo. Ser madre es el trabajo más estresante del mundo. Son 24 horas al días, siete días a la semana, 365 al año. Ni vacaciones, ni noches ni festivos. El estado de alerta en nuestras cabezotas es continuo, y eso ya es más que suficiente para agotarnos. Si le sumamos todo el adorno extra que queremos meterle por narices…es realmente inabarcable y resulta totalmente normal que se nos termine saltando la tecla. Mi consejo?? Pues simplificar. Siempre y para todo.

La primera premisa para mí igual os suena fatal y egoísta, pero yo lo tengo claro. No puedo dejarme siempre para lo último. Sea como sea tu familia hay realidades inamovibles y esta es una de ellas: las madre es el pilar de la casa. Sobre nosotras se apoya todo y de nuestro estado de ánimo depende el de todos los demás. Cuanto más nerviosas estamos nosotras, más lo estarán nuestros hijos. La relación causa-efecto es más que clara. Así que otórgale valor a lo que haces y convéncete de que te mereces esa tarde de compras, esa sesión de spa o esas clases de baile. Porque ciertamente lo merecemos, es lo que yo llamo “el momento loreal”, porque yo lo valgo. Y dilo sin vergüenza ni represión. Tenemos el trabajo más importante del mundo! Merecemos un descanso. Además, por la relación causa-efecto que antes os decía, también el resto de la familia aprenderá a valorarte…si tú lo haces, ellos lo harán. Así de fácil.

Number two. No te impongas tareas por encima de tus posibilidades. Esto es fundamental. Si te supone un estrés insoportable y una carrera digna de medalla olímpica el llegar a tiempo desde el cole a la academia, con el niño malmerendando por el camino y termina siendo motivo de cabreo semanal, déjalo. Yo creo que nuestros hijos preferirán mil veces dar un paseo tranquilo, disfrutar de su madre de buen humor y merendar tranquilamente, antes que conseguir por narices titularse del first a los diez años…

Tres. Planifícate de una forma realista. Ésto en mi casa supone una tira y afloja con mi marido muchas veces. Él trabaja en logística y es súper organizado. Tiene una mentalidad muy alemana para muchas cosas. Y es verdad que hay que planificarse y tener más o menos claros los objetivos del día…pero no hay que convertirlos en ley. Todos conocemos como funciona nuestra casa, el ritmo al que se mueven nuestros hijos y sus posibles reacciones. Planifica tu día teniendo en cuenta todo eso. Y teniendo en cuenta cómo estás tú (no olvidar nunca el punto número uno!) Proponte unos “servicios mínimos” y todo lo que se sume a eso, será una gran victoria. Si algún día no te da tiempo a hacer las camas, o tienes que darle al niño un donut para merendar en lugar de las tortitas fit y la pieza de fruta, pues no pasa nada…has conseguido superar el día sin enfados, gritos, ni tensiones…y sólo por eso habrá merecido la pena. Seguro que mañana llegamos a más. Todos tenemos días más y menos productivos, y cuando tu trabajo depende de las santas narices que quiera echarle tu hijo a la vida, pues más todavía.

Cuatro. Pide ayuda. A quien sea. Yo soy muy orgullosa, y esto me ha costado horrores. Pero llega un momento en el que, o pides ayuda, o petas. A veces sólo necesitas darte una ducha sin espectadores, o salir a dar una vuelta a la manzana. Que alguien te ayude a poner pijamas mientras tú haces la cena. O que un alma caritativa (o contratada), se apiade de tí y te libre de esa montaña ropa de plancha antes de que sea declarada uno de los picos más altos de la península…reconoce cuando llega el momento en el que vas a explotar, prevéelo, y gánale la espalda. Una retirada a tiempo es una victoria.

Y por último…si algún día nada sale como te hubiera gustado, no te castigues. No sabéis la de noches que me he pasado llorando porque me he sentido una madre horrible. Soy humana, limitada y débil. Hay días en los que siento que no controlo nada, que grito como un becerro, que echo broncas a diestro y siniestro, que me enfado sin razón y resulto tan insoportable que no me aguanto ni yo. En esos días, cuando me meto en la cama, pienso en mis niños y me muero de pena…Un día lo hablé con mi madre y me dijo que ella se sentía igual en el tiempo en el que nosotras éramos pequeñas. Y sin embargo, sabéis que?? Yo no recuerdo eso. Recuerdo a mi madre como una mujer dulce, maravillosa y abnegada por nosotros. Feliz, cariñosa, siempre sonriente…y la prueba más infalible de todas: mis hijos me adoran. No quiero parecer presuntuosa, pero es la pura realidad. Me adoran. Me miran con embeleso y beben los vientos por su madre. No me tienen en cuenta lo mal que haya podido hacerlo con ellos en ocasiones, ni las veces que haya metido la pata. Cada mañana me dan mil besos y cientos de abrazos, aunque les haya caído la peta del siglo la noche anterior y les haya castigado sin cuento. Cada día es para ellos un borrón y cuenta nueva.

Todo lo que hacemos, lo hacemos por ellos. Si cuando fallas no te lo tienen en cuenta…no lo hagas tú. Ser madre es agotador, es verdad, pero también es maravilloso. No dejemos que nuestro afán de hacerlo perfecto nos impida hacerlo real.

17 comentarios en “Ahora lo llaman síndrome de “burnout”…”

  1. Genial. Soy mamá novata desde hace 8 meses y me he visto reflejada en tus palabras. Me encanta una familia tan grande debe ser maravilloso. Un saludo y sigue disfrutandolo.

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  2. Qué razón tienes, Irene. De hecho, suscribo cada uno de tus puntos. Y el de quererse a una misma,me ha llegado al alma,porque poco a poco te vas dando cuenta de que o te cuidas tú o nadie lo va a hacer por ti. Es triste pero es así. No está de más pensar un poquito para nosotras sin sentie culpa, que es mala consejera…

    Enhorabuena por el post!

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  3. Me ha encantado y necesitaba leer algo asi. Acabo de ser mamá de mi segundo hijo y trabajo a jornada completa más horas extras y a veces me siento horrible por no llegar a todo lo que “yo creo que debería llegar”. Tu post es una bajada a la realidad que necesitaba, ahora solo queda que me convenza del primer punto que lo tengo un poco olvidado!

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  4. Me encanta!!!me siento muy identificada y ver que no soy la única que a veces se siente una madre horrible por regañarles tanto algunas veces sin razón,ver que os pasa a más madres me hace sentir que no estoy fallando tanto como a veces siento. Gracias!!

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  5. Gracias por tu labor. Madre de dos niños, dos perros y un marido. Yo creo q es como si tuviera 5niños, todos con sus cuidados y necesidades… y yo??? Preocupada constantemente por saber si trabajar fuera d casa algún día o quedarme a darles el 100%de mi, pero cn miedo de volver a la vida laboral externa y no conseguir nada. Me cuesta tomar la decisión….
    Gracias por devolverme a la realidad

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    1. Muchísimo ánimo, Susana…lo importante es que lo que hagas, lo hagas convencida…luego días difíciles los habrá en casa y los habrá si trabajas fuera…pero si estás convencida de lo que quieres, te será más llevadero…de todos modos lo que haces ahora ya es súper importante y maravilloso, puedes sentirte muy orgullosa😘😘😘

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