familia, Maternidad, Navidad, Ocio

(Sobre)Vivir (a) la Navidad

Lo he titulado así, pero también podía haberse llamado “Por todos mis compañeros y por mí el primero”. Porque escribo este post por mí, por mí lo primero, porque hoy me hacía mucha falta. Así que ésto es para recordarme a mí misma cómo debo hacer las cosas. Y luego ya si os ayuda un poquito a alguna de vosotras, pues entonces ya, fiesta nacional.

Resulta que hoy, 20 de diciembre, es el patrón de  la localidad donde vivimos. Así que cada año tenemos este pequeño ensayo de las vacaciones de Navidad un par de días antes del gran estreno. Y siempre me pasa lo mismo. Me vais a perdonar la palabra, pero en días como hoy, suelo cagarla bastante…esa es la verdad. Ha sido un día desastroso, desastroso a niveles cósmicos. Y mira que ayer lo dejé todo organizado para que fuera perfecto, la casa apañada, la ropa al día, la comida encaminada y los planes claros de lo que quería hacer hoy con ellos (desayuno perfecto en familia, villancicos mientras recogemos, ratito de manualidades, comida saludable todos juntos, recorrido por la ruta de belenes de nuestro pueblo, paseíto para ver las luces del centro…todo controlado!)…pero amigas, los planes fallan.

He mandado a los enanos que hicieran un poco de limpieza en los dormitorios, y han sacado tres toneladas de ropa sucia no me preguntéis de dónde. Así que me ha tocado poner como cinco lavadoras. Anoche adelanté unas lentejas para no tener que cocinar hoy, pero las dejé enfriando, luego se me olvidó meterlas en la nevera, y hoy, claro, habían fermentado. Lasaña de emergencia desde cero…suma y sigue. Le he probado el disfraz a Mateo para la función de mañana y resulta que me he pasado con el bajo…así que me ha tocado descoser y volver a hacerlo, era eso o reinventar la historia y que todo el mundo se enterara por fin de que San José llevaba zapatillas del Decathlon…He sacado mi cajón de retales de goma Eva y cartulinas para hacer los dichosos gorros navideños para el cole y el portalito para el Belén de los niños, y a los chicos les ha parecido muy divertido cortar todas las láminas en trocitos tamaño grano de arroz, la mesa de la cocina ( y alrededores) ha terminado pareciendo el escenario después de la entrega de la Champions…ouuu yeaaah…Los niños se han peleado muchíiiiiisimo. Todo el rato. Ha habido duelos al amanecer, al mediodía, al ocaso y a todas horas. Y gritos, un montón de gritos de todo el mundo…también míos. Al final ni paseo, ni luces, ni manualidades ni porras fritas. Al acabar el día me he puesto a pensar que ésto es lo que me espera los próximos veinte días y casi me da un perterre.

Y es que esta es la pesadilla de casi todas nosotras al enfrentarnos a estas fechas. Si trabajas fuera de casa, dónde y con quién dejar a los niños (Dios bendiga a los abuelos), y si trabajas en casa, cómo hacer para que estén entretenidos y no te vuelvan loca de remate. Y todo aliñado con nuestra perenne manía de hacer que todo sea perfecto, que además en navidades se ve incrementada en un doscientos por cien. Porque volvemos a lo que hablábamos en el post anterior. Las dichosas expectativas. En Navidad se multiplican. Porque algo o alguien muy perverso nos ha hecho convencer de que en Navidad todo tiene que ser perfecto. Hay que sonreír como Julia Roberts, cantar como Mariah Carey, cocinar como Joan Roca, decorar como Lorenzo Castillo y tener la santa paciencia y la inventiva de Maria Montessori. Y como yo no tengo nada de eso, pues me frustro, transmito mi frustración a todo el mundo, y soy capaz de convertir en un plis la Navidad en un auténtico infierno.

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Vamos a ver cómo lo solucionamos…yo creo que el el primer paso es ser realista…está fenomenal planear un montón de cosas e intentar respetar las tradiciones…pero hay veces que las modas nos pueden y hacen que algo bonito, termine siendo una tortura. Por ejemplo, muchas seguidoras me han preguntado en Instagram si en casa no seguíamos un calendario de adviento. Y sí claro que lo hacemos, pero el de las ventanitas y las chocolatinas de toda la vida. Desde hace unos años se ha puesto muy de moda hacer unos calendarios super bonitos de actividades para hacer con los niños. Una diferente cada día. Sabéis de lo que hablo, no?? Pues a mí me parece una idea fenomenal, pero sé que en mi casa en inviable. Porque quizá los cinco primeros días lo cogería con ganas, pero sé que a la larga me agotaría…y sé que pueden surgir imprevistos que me impidieran cumplir con lo pactado algunos días, somos diez en casa, es cuestión de estadística. Y sé que hay días en los que estoy demasiado cansada, o tengo demasiado trabajo, o simplemente no estoy de humor…no soy una máquina programable que no varíe en sus sentimientos, soy humana y muy débil en ocasiones. Así pues, prefiero no ofrecer a los niños promesas que sé que en algún momento no voy a poder cumplir por una razón o por otra. Los ratos que tengo para ellos, improviso, y os prometo que así surgen planes chulísimos…las mejores tradiciones se han forjado desde la improvisación.

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Deberíamos intentar disfrutar de lo que tenemos…sé que suena muy demagogo y muy típico, pero cuánto nos cuesta a veces. Nos parece que todo el mundo hace mejores planes, más brillantes, más divertidos, más navideños y más posteables (reconocerlo es el primer paso). Y de verdad que no hace falta tanto boato. En la sencillez está el gusto. Y es verdad que molan un montón los desfiles navideños del parque Warner, las luces del centro son una pasada, el cortylandia de Preciados es toda una institución, y etiquetar una publicación merendando sonrientes con nuestros niños en San Ginés le da un toque de lo mas vintagecool a nuestras cuentas (cosa que nos encanta), pero hay que ser consciente de lo que ello conlleva. Esto significa dinero (que en estas fechas, al menos a mí, no me sobra), gente, mogollón de gente…empujones, panzadas de andar, colas, horas de pie, y seguramente que nuestros peques terminen por rebelarse y nuestra tarde ideal, termine siendo ideal de la muerte. Literalmente. Hay planes chulísimos que se pueden hacer invirtiendo menos tiempo, dinero y paciencia. Los enanos lo disfrutarán igual…o más incluso, y nosotros conservaremos intactos los nervios. Saliendo un poquito de las grandes ciudades puedes encontrar pueblos con unas iluminaciones maravillosas, en los que se respira la Navidad de una forma mucho más auténtica. Haced la prueba, ya veréis. Y es verdad que los parques temáticos son preciosos en esta época, pero si nuestro presupuesto es reducido, podemos informarnos de las actividades que los ayuntamientos (concejalías, juntas municipales, juntas vecinales, etc.) ofrecen para los más pequeños…yo llevo años llevándoles a talleres, cuentacuentos, pintacaras, teatros de títeres, conciertos…y todo gratis o a un precio simbólico y con unos profesionales inmejorables. Y hacer los churros y el chocolate en casa tiene su punto! A los niños les encantará sentirse parte de ello y lo disfrutarán un montón. (No se me olvida que os debo la receta, me he propuesto ponérosla en vacaciones, cruzad los dedos!)

 

Otra cosa. No hay que hacer por hacer. No hay que hacer porque sí. En estos días los niños están sobre saturados de emociones y embriagados de súper planes. Corremos el riesgo de agotarles y que se cierren en banda a hacer cualquier cosa. Un día o dos a la semana tranquilos en casa les viene fenomenal . Ya sabéis a lo que me refiero…días de esos de no quitarse el pijama. Hay montones de cosas chulas que hacer…cocinar juntos, dibujar, jugar a algún juego de mesa, tirarse al suelo con la caja de los lego, escribir tarjetas de felicitación para los abuelos…las posibilidades son infinitas. Una cosa que hacemos en casa y que disfrutamos todos un montón es preparar un teatrillo, una canción o un bailecito para hacerle a la familia el las grandes noches. Te entretiene un montón de tiempo y lo pasamos fenomenal.

Muy importante. Necesitamos respirar. No te sientas culpable por salir a cenar con amigos y sin niños un par de veces (o las que sean). Y hay que aflojar la cuerda. En vacaciones hay que saltarse las normas. Un poquito o mucho. Cada una como lo vea. Porque si no, muy probablemente explotarás. Es fenomenal pasar tiempo con los niños e intentar hacer cosas con ellos, pero no hay que convertir ésto en una constante ni en una ley. Está genial que les pongas una peli (o dos) más de las que sueles y dediques ese tiempo a leer, hacerte las uñas, dormir una siesta de las que hacen época o a estudiar la cuadratura del círculo. Lo que sea, pero tú sola y a tu rollo. Y no va a pasar nada porque les des un poco más de tiempo de play y alargues la sobremesa para ponerte al día con el churri, que con tanto trajín estos días, les abandonamos bastante. Si descansamos de ellos a ratos ( y ellos de nosotras), luego nos reencontraremos con más ganas.

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Y por último, no debemos perder de vista lo que significan estos días. Lo que significan de verdadAquí da igual que seas creyente o no. La Navidad lleva intrínsecos una serie de valores universales. Amor, paz, solidaridad, reconciliación, gratitud…trabaja en ello. Da ejemplo. Puedes hacerle ver a tu hijo que eso es lo más importante. De qué modo?? Pues eso ya es muy personal…se me ocurre, por ejemplo…si por lo que sea llevas tiempo enfadiscado con tu herman@ y tu hijo lo sabe (porque los niños no son tontos), llámale, invítale a un café, pídele perdón y que tu hijo vea cómo os abrazáis y os perdonáis. Será el mejor regalo. También puedes buscar alguna institución benéfica cerca de casa y llevar a los niños a echar una mano en lo que sea, o simplemente a conocer su labor. Nosotros lo hemos hecho muchas veces en Cáritas, es un momento ideal para explicarle a los peques lo afortunados que somos y lo necesario que es dar un poco la vida por los que más lo necesitan.

La Navidad es un tiempo único, precioso y fugaz. Para los que creemos que de ella y en ella nace nuestra salvación y para los que no. Para todos es la época más mágica del año, por unos motivos o por otros y sólo tenemos una oportunidad al año para disfrutarla. Hagamos lo posible por vivirla con tranquilidad, sencillez y alegría. Que el ansia de postureo no nos quite la paz…Felices Fiestas!!

 

 

 

1 comentario en “(Sobre)Vivir (a) la Navidad”

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