Embarazo, familia, General, Maternidad

Los partos y la madre que los parió.

No es que me ponga chocarrera, no creáis…esto de “la madre que lo parió” es una bromita familiar que nace de uno de los chistes más famosos de mi padre…algún día os cuento, ya veréis. El caso es que vengo con este post porque me lo habéis pedido un montón. Me daba un poco de pereza, y no sabía muy bien cómo enfocarlo…de hecho, sigo sin saberlo, pero yo me pongo a escribir y que sea lo que Dios quiera!

Mi marido siempre dice que hay dos temas de los que nos encanta hablar a las mujeres: los trapitos y los partos. Pues yo de trapitos cada vez menos, pero de partos tengo unos pocos para contar, así que vamos allá. (Me temo que esto se alargará, mil perdones, lo podéis leer en tres cuatro veces, o igual lo escribo en tres cuatro veces, a ver cómo se va dando)

Hago ésto un poco en plan terapia también, no os lo vais a creer, pero lo de parir me asusta un poco, y ésto no es como conducir o montar en bici, que al principio vas más tenso que Doraemon en un control de aduanas y con el tiempo lo vas haciendo tan pichi casi sin darte cuenta. Con los partos no pasa. Duele siempre, y cuesta siempre. Y es siempre un trabajito interesante…no sabéis la de gente que me dice “ay, hija, si a tí ya se te caerán solos!”. Sí, sí, solitos…de hecho ya estoy teniendo cuidado cuando estornudo por si acaso… Tururú! Vamos por orden cronológico si os parece…

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Mi primer parto fue raro. Estupendo y raro. Como lo son casi todas las primeras veces. Yo era jovencísima, jovencísima. Tenía 22 años y llevaba justo un año casada. Me puse de parto espontáneamente en la semana 37. Recuerdo que desde por la mañana me sentía rarita, pero jamás se me hubiera ocurrido pensar que Miri se adelantaría tres semanas. Yo, inexperta de mí, pensaba que de las 40 semanas no te apeaba ni el revisor, así que ni imaginármelo. Comimos con mi hermana María (un besito, Mery guapa), bueno, comieron Israel y ella, porque yo no pude probar bocado…medio vaso de zumito de naranja con soja, fíjate qué memoria. Y viendo que mi malestar iba cada vez a más, decidimos irnos a urgencias como a las seis de la tarde. Por aquel entonces yo vivía en Madrid capital, y me correspondía un hospital bastante viejito…y las costumbres de sus profesionales eran igual de anticuadas que el edificio, qué queréis que os diga…la experiencia no fue muy grata, la verdad. Me trataron regu desde el principio, como si no se creyeran que estaba de parto! Y cuando por fin “se cercioraron” de que la cosa iba en serio, empezó un calvario que no os cuento…Lo primero es que, por desgracia, hace quince años la mentalidad ante los parto en España era otra, y se hacía todo de una forma mucho más ivasiva por sistema. Me tocó el pack de los horrores completo…rasurado, enema y miles de exploraciones. Me metió mano todo el que quiso. Todo el que pasaba, y como no tenía nada claro quién me estaba atendiendo, pues igual miró por ahí hasta algún celador, o el cocinero…vete tú a saber! La dilatación fue interesante también…antes debe ser que pensaban que dilatar en grupo ayudaba, igual ser por aquello de “mal de muchos…”, y nos ponían ahí a todas juntitas. De hecho a mí me metieron a dilatar en planta, en una habitación de cuatro, con otra muchacha que estaba que también estaba de parto y dos que estaban ingresadas con embarazos de riesgo. Era festivo (6 de diciembre) y era la hora de visitas…y encima mi churri, que pecó de primerizo, llamó a toda su familia (para la que Miri era la primera nieta) para que vinieran al hospital porque estábamos de parto. No os digo más que tiene nueve hermanos. Os podéis imaginar el panorama. Yo, en pelota picada con aquel camisoncillo de papel de fumar encima, mis tres compis con toooodo su séquito de acompañantes, y mis suegros, mis padres, y mis cuñados de espectadores. Recuerdo un momento en el que estaba teniendo una contracción de las de bajarse del mundo, una de mis cuñadas se puso a contarme lo que se iba a poner en nochevieja, y a uno de mis cuñados (no diré nombre, pero tú sabes quién eres, aunque ya sabes que te perdoné y te quiero igual) le pareció que sería muy entretenido probar para que servían todos los botones de alrededor de mi cama. Llamó a la enfermera tres veces, me encendió la tele y subió y bajó el cabecero de mi cama como cinco millones de veces. Todo eso mientras yo me plantaba en siete centímetros. Os juro que estuve a punto de ponerme a gritar cual ciervo en berrea y mandarles a todos a freír espárragos, pero afortunadamente, el curso del parto hizo el trabajito por mí, rompí aguas, y me llevaron a la “tranquilidad” del paritorio que me supo a gloria bendita. Había pasado poco tiempo, dos horas y pico, pero a mí me parecía una eternidad. El caso es que llegado este punto, y viendo que me descontrolaba (creo que más por el mogollón que por el dolor en sí), pedí la epidural. Y aunque estaba bastante adelantada la cosa, accedieron a ponérmela. El anestesista le pidió a Israel que se saliera mientras me pinchaba, y ya no le ví hasta después del parto…Resulta que según me estaban poniendo el catéter de la anestesia, empezaron los dolores fuertes y sentía que la niña hacía muchísima presión…pero, para variar, las enfermeras no me creyeron…y no me echaron cuenta durante un rato, hasta que a grito pelao les dije que con ellas o sóla, yo a esa niña la sacaba. Ya una me miró, más por pesada que por que creyera que tenía razón, y de pronto todo el mundo se puso a correr. Yo muerta de ganas de empujar y ellas gritándome que (y cito literalmente) “por tus nuertos, no empujes!”. Llegaron como cinco ginecólogos, tres matronas y cuatro neonatólogos. Y yo sin mi marido, tan jovencita…muerta de miedo. Monitorizaron a la niña (a día de hoy aún tiene una cicatriz en la cabeza) y vieron que la cosa no iba bien. En primera fila se metieron tres médicos, y me explicaron que había ocurrido un imprevisto y que tenía que obedecer cada orden que me dieran al milímetro. Así lo hicimos…Miriam nació a las diez de la noche. La primera impresión que tuve fue tremenda…era azul ocura, pero oscura de verdad, y tardó un buen rato en reaccionar…los médicos se la llevaron corriendo a una salita junto al paritorio y tardaron un rato en traérmela. Fueron unos minutos, pero se me hicieron eternos…me dejaron sola!! Y nadie me explicaba qué pasaba! Eso sí, cuando por fin me la trajeron, tenía otra pinta…buen color y los ojos como platos. No se puede explicar lo que se siente cuando coges a tu primer hijo en brazos. Para eso no tengo palabras, y mira que a mí no suelen faltarme. Lo único que me pesa de aquel momento es que lo viví sola, a Israel no le dejaron entrar hasta pasado un rato…Cuando ya estábamos los tres juntos por fin, nos explicaron que Miri venía con tres vueltas de cordón, que el parto fue muy complicado y que estuvo cerca de tener otro final bien distinto…Teníamos el corazón contenido por esta revelación, y también rebosante de agradecimiento porque, finalmente había salido todo bien. Al ratito vinieron las enfermeras y la matrona a pedirme perdón si en algún momento me había sentido desatendida…más vale tarde…lo bueno es que para congraciarse conmigo, me pusieron en una habitación solita, y el resto de mi ingreso me trataron como una reina.

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Vamos a por el segundo. Loreto llegó casi dos años después. Un 31 de octubre, domingo. La cosa empezó de madrugada, estaba de 36 semanas, y esta vez no me pilló tan de pardilla…desde el primer momento sabía de qué iba la vaina. La cosa es que el sábado habíamos estado cenando con unos amigos y nos reímos tanto que terminé tirada en suelo, tirada de verdad. Mucha risa. Más que las hienas del rey león. Yo creo que aquel ataque de carcajada general e imparable, fue el detonante de aquel parto…porque sólo dos horas después de que se fueran de mis casa, empezaron las contracciones. Eran como las cuatro de la mañana, y yo era incapaz de dormir, claro…así que me levanté, y me puse a hacer limpieza. Puse tres lavadoras, planché un par de camisas, hice los baños, y dejé preparadas las cosas de Miri para esos días. Llevando el síndrome del nido a sus últimas consecuencias. Como a las nueve de la mañana desperté a Isra y le pegué el susto. Mientras él se duchaba (que yo ya estaba lista), me zampé tres trozos de pizza hawaiana fríos que habían sobrado de la cena. Y así de satisfecha me fuí a parir tan contenta. Nos habíamos mudado a las afueras, así que ahora me correspondía otro hospital…en aquel momento yo estaba tan contenta con el cambio, aunque unos años más adelante allí viví las experiencias más difíciles de mi vida y ahora me duele hasta pasar por la puerta…En fin, en aquel momento era mi primera vez allí, y en esa ocasión, la cosa fue medianamente bien. Mientras me hacían la primera exploración, se me rompió la bolsa, que yo no sé los litros de líquido que tenía, pero dejé el suelo de la consulta como el pantano de San Juan…el caso es que la matrona me dice…“estás de seis centímetros, pero tenemos un problema…o la niña viene de nalgas, o tiene dos cabezas…” Chistosa la tipa. Una ecografía confirmó que era lo primero (gracias a Dios), y quisieron meterme enseguida en el quirófano para hacerme la cesárea…pero!! Había un pequeño inconveniente…la dichosa pizza hawaiana!! Decidieron esperar lo que pudiéramos para ponerme la anestesia lo más tarde posible y que pudiera hacer algo la digestión, así que, aunque tenían que hacerme cesárea, la dilatación me la tragué enterita. Pero esta vez fue distinto…me dejaban moverme, podía pasear, estábamos solitos y yo estaba súper mentalizada, así que, esta vez sí, afronté los dolores con seguridad y hasta con alegría! Esa es la verdad…nos lo pasamos bien! Las contracciones eran muy fuertes, y el dolor era terrible, de verdad, pero estaba súper tranquila, y lo llevé fenomenal, muy ayudada por Israel. Pasaron un par de horas y me dijeron que ya podían bajarme al quirófano…estaba de nueve centímetros…un parto casi entero! Eran como las doce. Lo peor fue separarme de Isra otra vez y afrontar ese momento sola de nuevo. Las cesáreas son duras, y raras, y desagradables. La anestesia me hizo efecto enseguida y empezaron la operación. La sensación me resultó rarísima…te ponen la cortinilla esa y no ves nada, pero lo notas todo! Sientes cómo te abren, como tironean de tu cuerpo…da mucha, mucha grima…y tú ahí atada a la cama intentando no marearte de la impresión, te sientes un pelele total…en fin, cuando había pasado sorprendentemente poco tiempo, oí a Loreto llorar…ahí se me pasó toda la impresión y sólo tenía ganas de verla…cuando me la enseñaron ya habían empezado a coserme, que también lo sentía y también era raro de narices. Estaba envuelta en un arrullo con ese gorrito horrendo que les ponen…pero a mí me pareció preciosa! Era tan redondita, tan rosita…es lo que tienen las cesáreas, que los bebés salen de foto! Me explicaron que, como era muy pequeñita, se la llevaban un ratito a la incubadora, pero que respiraba muy bien, y que cuando yo subiera a planta me la llevarían. Lo peor de aquel nacimiento fue aquello…las cuatro horazas que me pasé en reanimación. Menos mal que a Isra le dejaron entrar algún ratito y me resultó más llevadero el asunto, pero se hace muy largo…creo que es un tema a revisar por las autoridades sanitarias, el desapego en estas horas es muy duro. Pasadas unas horitas me subieron por fin a la habitación y me trajeron también a mi princesa, que estaba muerrrta de hambre, como os podéis imaginar. Esa tarde trajeron a Miri y fue fabuloso…nos dejaron solos a la familia y pasamos un ratito precioso…felices los cuatro. Fin del segundo acto!

Creo que lo voy a ir dejando por hoy…ya os dije que esto iba a ser presumiblemente largo…mañana nueva entrega, con nuevas emociones y nuevo cambio de hospital! Madreta…2158 palabras…me temo que Isra tenía tenía razón!!

Continuará…

 

14 comentarios en “Los partos y la madre que los parió.”

  1. Aaaaaay que me gusta a mi hablar de partos…
    Gracias a Dios mis 7 han sido todos bastante bien… tampoco se me caen al estornudar….
    He tenido de todo, primeriza con anestesia x gotero espantosa, solo queria vomitar y ver a los gatitos que habia en el paritorio 😮
    Otro en los que de reconocerme de 2 cm, ponerme el camisón y bajar a la habitacion y estaba de 7…
    Otra que de chiquitina que era las contracciones no le hacian bajar….
    Otro que al contrario de su hermana fue un cachalote y no bajaba… 2 horas en completa y el muchacho en mis costillas hasta que decidio lanzarse en tobogan y casi nace en los pasillos
    Nunca me pusieron la epidural hasta el 5to pero se ve que mientras me la ponían pase de 7 a 10cm y al tumbarme el niño nació antes de que me hiciera efecto…
    Hasta aquí yo consideraba que vale, que tenia buenos partos pero no eran cortos precisamente, siempre llegaba de 2-3cm y mis 5-6horas no mes las quitaban…. hasta q nació mi 2da flor, 6ta de la casa, que llegué de 9 cm y venía con 2 vueltas y con bradicardias y meconio… fuero 40 minutos desde que entré x la puerta y mi marido fuera xq la auxiliar que salia a llamarle se inventaba mi nombre y no pudo entrar…
    Y con mi chiquitín, llegué de 8 pero le costó unas 3 horas decidirse, 3 horas, 2 ph’s, y amenaza de cesarea…
    Pero te digo una cosa, es algo taaaaaaan increible esto de ser cooperadoras de la creacion, que no me cansaria de tener hijos (espero queno me lea mi churri)
    En fin, querias que te los contaramos, no? Ea, pues aqui estan los míos.

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  2. A mi también me encanta hablar de partos. Yo he tenido 2, el primero con su rato fuerte, que no te lo quita nadie, pero seguido de complicación, hemorragia, me quedé que no podía ni con el niño,hace 24 años y entonces no había epidural,uff madre mia.
    El segundo decían que iría mejor, pero vaya tela, casi 12 horas de parto, que acabó en una cesárea , corriendo y deprisa, porque la niña estuvo a punto de irse, momentos malos, pero me recuperé mejor que en el primero, hace 21años.
    Y bueno , estos son los míos, menos que vosotras( muchos menos)
    Admiro mucho a las que tenéis tantos hijos, de verdad, sois unas valientes¡
    Irene, me encanta leerte, me gusta mucho la familia. Un abrazo muy grande.

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  3. Ufff….que diferentes los partos, verdad???
    Yo dos, de esos supersónicos de «ollegasrapidoolotengoenlacalle», una hora y poco desde la primera contracción, hasta tenerlo en tus brazos. Ultradolorosos, de ese tipo de dolor apabullante, bloqueante…..que no te deja ni pensar ni respirar (inutil seguir los consejos de los cursos de preparacion…es tan intenso, tan rápido ….que no funcionan) veloz y brutal…pero según mis ginecólogos, el parto «ideal»…
    En fín, no he llegado a saber lo que es la epidural…..y ahora ya es tarde. No habrá mas partos, pero desde luego son una experiencia vital, de las más intensas, diria yo.
    Por cierto….muy bien escrito tu post. Me gusta!!!!

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  4. Hola Irene, esto no es propiamente un comentario a este post, aunque es muy interesante jaja. Es porque he leído en instagram que habías hecho una entrevista en la radio. Entro para ver lo que vas poniendo porque me gusta, pero no tengo cuenta así que no puedo escribirte ahí! Podrías por favor ponernos el enlace para que las rarillas que no tenemos redes sociales lo escuchemos? Tengo mucha curiosidad!
    Muchas gracias!!

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  5. Acabo de conocer el blog a través de una amiga. Yo tengo solo cinco (Dios, qué ganas tenía de poder decir cinco sin que nadie me diga horrorizado:CINCO!?!?!?!? Y además poder decir SOLO cinco, ya es celestial Jajaja)
    A lo que iba, cinco parto y partoadicción aguda.
    1. Cesárea por fallo de inducción en la 39.
    2. Parto vaginal después de cesárea en un hospi, respetado pero largo y doloroso.
    3, 4 y 5. Se pueden resumir igual…niños grandes, partos muy rápidos, sin sufrimiento, gozados, en el agua y en mi salón.

    Yo sí tengo claro que quiero más en un tiempo, mi marido también. Aún no he cumplido los treinta y tengo margen de maniobra para otra remesa de cinco :p (cariño si me lees esto segundo es broma).

    Y por aquí me quedo 🙂

    Un abrazo.

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