Embarazo, familia, Sobre mí

Nazaret.

Hoy es un día especial. Todos los 31 de enero lo son desde hace once años. Porque hoy hace años que nos asaltó el acontecimiento más impactante de nuestras vidas. Muchas veces me habéis preguntado, queríais saber más sobre nuestra experiencia en este sentido…y hoy me ha parecido un buen día para hacerlo. Quiero hacerlo bien, sin entrar en tecnicismos ni términos médicos. Omitiré también algunas reacciones de algunos médicos, y el trato que nos dio alguno de ellos, porque ésto no pretende ser un post de denuncia y quiero, que a pesar de todo, nos quedemos con lo bueno. Quiero hacerlo desde el corazón. Espero ser capaz de transmitiros lo que supuso y supone para nosotros aún cada día. Creo que voy a abriros las puertas de mi corazón más allá de lo que había pensado, y me aterra un poco, pero pienso que conocer la verdad de esta historia podría ayudar a quien haya pasado o pasa por lo mismo…y con que una sola persona se sienta reconfortada por este testimonio, habrá merecido la pena. Es otro tono distinto que al que os tengo acostumbrados, lo sé…pero la ocasión así lo pide. Vamos allá.

La historia de Nazaret comenzó un año antes de su llegada. Porque el 10 de febrero de 2006 nació nuestro tercer hijo, Fernando. El día de su nacimiento, y las semanas que le siguieron, fueron nuestro primer contacto con el sufrimiento real desde que nos casamos cinco años antes. Fernando fue prematuro (es el siguiente parto en la serie, así que ya os contaré con más detalle), y aparte de la prematuridad tuvo serias complicaciones derivadas de su ingreso, que fue larguísimo. Resultó contagiado de una meningitis bacteria que le tuvo al borde de la muerte…imaginaos, tan pequeño…gracias a Dios superó todo aquello, y pese a los malos pronósticos, salió de aquello sin apenas secuelas. La secuela más grande había quedado en nuestros corazones, eso sí. Es cierto que durante todo el proceso de su enfermedad e ingreso, que fue largo, tedioso, y lleno de subidas y bajadas, yo me sentí fuerte, y muy sostenida. Pero cuando pasaron unos meses, y viendo que el niño salía adelante, empecé a tener miedo. Miedo de pasar otra vez por lo mismo. Las que hayáis pasado por algo así me entenderéis. Ver sufrir a un hijo, y más cuando es un bebé, Tan inocente, tan frágil…despierta en tí una sensación de impotencia que no se puede explicar con palabras. No quería de ningún modo volver a pasar por aquello. Y por eso decidí que no quería más hijos. Si no había bebé, no había sufrimiento posible, esa ecuación tan chula me monté en mi cabeza.

Esta época coincidió con un tiempo en el que humanamente nos iba fenomenal. El trabajo de Israel iba viento en popa, ganábamos muchísimo dinero, nos relacionábamos con gente de alto standing…pero estábamos perdiendo la fe. Sé que muchos de los que me seguís no tenéis fe, y os respeto de corazón y os quiero, creo que eso lo sabéis. Pero me vais a perdonar que en este post hable bajo este prisma, porque para mí no hay otro posible, espero que lo entendáis. El caso es que, de cara al exterior, estábamos mejor que nunca, pero los cimientos de nuestro matrimonio se tambaleaban de una forma seria y tremendamente amenazante. Para nosotros, alejarnos de nuestra fe, supuso alejarnos el uno del otro también. Vivíamos inmersos en una crisis tremenda, y no dimos el paso de ir más allá por los niños…o por miedo, vete a saber. Bendito miedo. El caso es que vivíamos totalmente aislados el uno del otro. Había poco entre nosotros. Sin embargo, las “casualidades” ocurren. Y sucedió que me quedé embarazada. Y no porque yo quisiera, porque las poquísimas veces que se daba la intimidad entre nosotros, yo ponía medios para que no sucediera. Quiero resaltar lo del YO. Porque ésto es cómo lo viví yo, lo que yo sentía y cómo yo actuaba. Mi marido me da cien mil vueltas en todo…

Así pues, aún poniendo medios, me quedé embarazada. Cuando me enteré, me sentó fatal. No os imagináis a qué niveles. Para mí fue un mazazo tremendo. Estaba sumida en una vorágine tremenda de vivir en mi egoísmo, no quería que nada ni nadie me sacara de mi zona de confort. Pensaba que ya había sufrido bastante y que me merecía disfrutar la vida. Y aquel embarazo venía a revolucionar mi vida. No podía imaginarme en aquel momento hasta qué punto…No sé cómo explicaros el sentimiento que yo tenía, se me hace durísimo como madre decir esto, y estoy aquí como una tonta, escribiendo y llorando, pero quiero ser muy sincera. Yo no quería ese bebé. Aborrecía el hecho de estar embarazada. No sentía ningún tipo de instinto, ni de ternura…sentía que ese hijo venía a robarme la vida que yo me merecía. Fijaos hasta que punto estaba ciega, fijaos lo necia que era. Lo que sí tenía claro por mis principios es que ese bebé nacería, la posibilidad de abortar no llegó ni a rondarme, afortunadamente…

El embarazo no solucionó nuestra situación matrimonial. Yo siempre lo he dicho, las parejas que buscan un hijo para solventar una crisis se equivocan, porque normalmente, sucede todo lo contrario. Con nosotros no fue una excepción. Los primeros meses transcurrieron con normalidad, pasé mis revisiones sin problemas, el bebé crecía y se desarrollaba correctamente, todos los exámenes médicos fueron normales. Pero mi cuerpo seguía rebelándose contra ese embarazo…era superior a mis fuerzas. Renegaba hasta tal punto, que mi cuerpo se negaba a abrirle paso a esa nueva vida. Estaba de casi seis meses y no tenía ni gota de tripa. Llevaba mi talla 36 tan pichi, la naturaleza es tremenda…En ese momento accedimos a ir a un viaje al santuario de Loreto. Es un sitio increíble…nos dijeron que podíamos pedir algo, una gracia, y nos aseguraron que nos sería concedida. Yo fui a este viaje con mi cesto de las chufas a cuestas, y seguía muy alejada de la fe. Pero en el fondo de mi corazón sentía que aquello era mi último recurso. Era profundamente infeliz, achacaba erróneamente mi infelicidad a mi embarazo, sin ser consciente de que la causa de ella era yo misma. El caso es que sabía que tenía que cambiar. Sobre todo por mis hijos, porque no se merecían que su madre estuviera siempre triste… Y no sé si por fe, o por desesperación, pero hice una petición a la virgen. Le pedí que me concediera querer a ese hijo (no había dicho que a éstas alturas aún no sabíamos si sería niño o niña, porque no se había dejado ver). Así de simple. Es duro, es muy duro para una madre tener que pedir esto. Querer a mi hijo. Debería ser algo natural, instintivo…pero yo no podía con ello.

Sin embargo Ella sí pudo, y estando allí, en su casa, sentí algo nuevo. Seguía teniendo miedo, muchísimo, pero me reconcilié con mi situación y comencé a vivir mi estado en paz, que era lo que necesitaba. Aquel día decidí (puesto que ya tenía una Loreto) que si era niña, se llamaría Nazaret.

La situación con Israel, sin embargo, no mejoró demasiado. La brecha que se había abierto entre nosotros era demasiado profunda y encrespada, sabíamos que sería muy complicado recuperar lo que teníamos y en ocasiones seguía teniendo tentaciones de tirar la toalla. En estas circunstancias nos plantamos en el 31 de enero.

Yo me encontraba regular. Tirando a mal. Estaba muy cansada, la enana no dejaba de patalear por las noches y me pasaba las horas mirando al techo. No me importaba nada, incluso estaba feliz por ello, porque aquellas noches acariciándome la tripita fueron una oportunidad de redimirme, y de alguna forma sentía que me reconciliaban con mi hija…sentía que necesitaba que ella me perdonara. Aquella mañana me sentía agotada, como sin fuerzas. Y me encontraba rara. Pensaba que estaba incubando la gripe, o algo así. Tenía revisión con la matrona, y como estaba pachucha, llamé a mi madre para que me acompañara. Escuchamos el latido del bebé y se oía firme y fuerte…la matrona me dijo que debería coger algo más de peso, que estaba demasiado delgada, y luego me tomó la tensión. Tenía 15/10. Ella no le dio demasiada importancia, pero me dijo que fuera a urgencias para quedarme tranquila, que me darían algo, me tendrían un ratito allí descansando, y para casa.  Aunque yo soy poco amiga de ir a urgencias salvo en casos muy muy claros, aquella vez hice caso. Avisé a Isra, y fuimos juntos. Cuando me miraron la primera vez, la tensión había subido a 20/14…me dolía todo el cuerpo y empezaba a tener un abotargamiento serio. Me hicieron una analítica urgente y me llevaron a hacer una eco. La imagen de la ecografía era impactante, hasta yo, sin ser nada, sabía interpretar que no era normal lo que se veía allí dentro…entonces empezaron las carreras. Nos metieron en una habitación solos y vinieron tropecientos médicos a explicarnos la situación. El nombre técnico de lo que me pasaba lo voy a omitir, para entendernos, nos dijeron que lo que tenía se conocía como el cáncer del embarazo. La placenta era un puro tumor, y las células tumorales habían pasado a través de ella hasta la niña, que estaba invadida. Tenía tumores en el cerebro, en los pulmones, en los huesos…además yo tenía hemorragia interna y la bolsa estaba llena de sangre. Me dijeron que además, la situación me había provocado una preeclampsia grave (creo que este es un término que sí conoceréis) y un síndrome que se caracteriza por provocar fallos en todos los órganos maternos. El mundo se nos cayó a los pies. No sabíamos qué decir. Israel se atrevió a preguntar “qué puede pasar?”. La respuesta fue clara: “cualquier cosa”. Nos parecía increíble, dos semanas antes nos habían dicho que todo iba perfecto…por lo que nos explicaron, el embarazo es pura reproducción celular, y este tipo de enfermedades avanzan a pasos agigantados. Muchas veces había leído artículos o había visto reportajes sobre madres que daban la vida por sus hijos manteniendo un embarazo a costa de su salud…y siempre me había preguntado si yo sería capaz de hacerlo. En aquel momento no lo dudé. Le dije al médico que cuidara del bebé. Que hiciera lo posible por salvarle. Aún a costa de mi vida. Pero él fue tajante. No se trataba de ella o yo. O intentaban hacer algo por separado, o moriríamos las dos. Nos pedían autorizar la inducción del parto. Nosotros no éramos capaces de decidirnos a hacerlo…los médicos se impacientaban. Tengo un momento grabado a fuego en mi alma. Yo estaba en la cama, conectada a mil máquinas, me habían puesto un carro de paradas al lado y una jeringuilla de adrenalina a los pies. El médico estaba a mi izquierda…me decía “O lo hacemos ya, o te mueres”. Israel a mi derecha, dándome besos en la mano “te necesitamos mucho”, me decía… y mi hija dentro de mí, pateando sin parar…como diciendo “Eh, mamá…que yo también estoy aquí”…todo lo que había sentido y vivido aquellos meses atrás se agolpó en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma.

Nos dejaron un rato a solas. No podíamos ni mirarnos. Sabíamos que la niña era aún muy pequeña y nos moríamos de miedo por ella. Y también sabíamos que yo estaba mal, cada vez peor. Había empezado a hincharme y tenía ratitos de pequeñas pérdidas de conciencia. Pensábamos también en Miriam, en Loreto y en Fernando…Por primera vez en muchos meses rezamos juntos. Pedimos consejo, y todo el mundo nos dijo lo mismo, que confiáramos en los médicos. Que si ellos decían que la única forma de poder hacer algo por nosotras era separarnos, que accediéramos ello…que mantuviéramos la fe.

Hablamos con los médicos y lo prepararon todo de urgencia. El parto fue rápido…no recuerdo el dolor físico…recuerdo el dolor del alma. Nos dijeron que como la niña (digo niña porque ahora lo sé, en aquel momento aún no lo sabíamos) estaba muy enferma y débil, no sabían si sería capaz de sobrevivir al parto…yo apenas tenía conciencia, empujaba hacia fuera con el cuerpo, y hacia adentro con el alma…y lloraba sin parar. Y le pedía perdón. Comencé a no ver bien, sólo destellos de luz, pero sí oía…la ginecóloga estaba sorprendida “Mira! Qué campeona! Lo ha conseguido!….es una niña!” A pesar de lo que pensaban, fue fuerte para sobrevivir al esfuerzo del parto…yo no podía mirar, ya no controlaba mi cuerpo. Sólo escuchaba…Israel decía “qué bonita…es igual que Loreto, mira cómo abre los ojos…” Y oía cómo la besaba…las enfermeras lloraban…y yo, claro…no podía hacer otra cosa…perdí la conciencia unos segundos, y cuando la recuperé, habían cortado el cordón, a mí me llevaban corriendo y sólo escuché a mi marido decir “Nazaret, yo te bautizo en el nombre del Padre…” mientras me alejaban a toda prisa hacia el quirófano.

Ya no recuerdo más. Yo no llegué a ver a mi hija. Es un privilegio que solo tuvo Israel, y se lo merece, y sé que él lo guarda como el mayor de los tesoros de su corazón.

El siguiente recuerdo que tengo es cuando me subieron a planta…mis padres, mis suegros, mis hermanos…todos me esperaban allí. Lloraban, pero me sonreían. Mi suegra me besó en la frente y me dijo que era muy valiente. Yo no sabía qué había sido de la niña…pero el verles a todos, me hizo comprender de golpe. Israel se acercó, me acarició el pelo, me besó…y me dijo que me amaba. Pocas veces hemos usado esa palabra. Pero aquel día lo hizo.

Es verdad que yo no conocí a mi hija, no la vi con mis ojos, pero desde aquel momento, empecé a verla con el alma. No tenía a mi bebé. De pronto tenía un ángel. 

Voy a dejar pasar de nuevo los datos médicos y mi estado, porque la importante hoy es ella…el caso es que después de unas semanas pude volver a casa y pudimos enterrar a nuestra hija. No sé cómo explicaros…enterrar a un hijo es lo peor que te puede pasar, yo veía aquella cajita, tan pequeñita…no os imagináis qué dolor…preparamos la misa con esmero, pero yo no podía, no podía rezar. Sin embargo allí estaba nuestra familia, nuestros hermanos, sosteniéndonos, haciendo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer. Mientras la tierra caía sobre su féretro, y yo sólo podía llorar, todo el mundo cantaba su fe en la vida eterna. No sabéis cuánto me sostuvo aquello.

Mi vida cambió. Nuestra vida cambió. De pronto ya no me creía la reina del mambo, de pronto era consciente de que todo lo que tengo es un regalo y de que yo no soy dueña de nada.

Yo creo que todos tenemos una misión en este mundo y que estamos aquí hasta que la cumplimos. Nazaret también la tenía. Y no necesitó más que unos pocos minutos para cumplirla. Su misión era reconstruir su familia. Reconstruir el matrimonio de sus padres. Poner los cimientos de una vida nueva en mi casa. Y así lo hizo. El daño que nos habíamos hecho era tan grande, que necesitábamos una buena obrera pico y pala todo el día… y lo que nadie podía hacer en la tierra, lo hizo ella desde el cielo. Y lo sigue haciendo. Porque no es que hayamos dejado de tener problemas, o que ya nuestro amor sea perfecto y puro…tenemos nuestras crisis, y muy gordas a veces. Pero nuestra hija intercede por nosotros, así lo sentimos, y nos cuida, y nos da la fuerza. Ella se marchó para que sus hermanos pudieran llegar y formáramos la familia que hoy somos. Si ella no hubiera irrumpido en nuestras vidas, yo no habría tenido más hijos, eso lo tengo clarísimo. Ella nos hace más fuertes, porque cuenta con potencias que nosotros no podríamos ni imaginar. Y no solo a nosotros, mucha gente recurre a ella…haced la prueba, es muy curranta. Mirad el buen trabajo que hace con nosotros…

Igual para los que no tenéis fe, ésto os supone un escándalo, o no lo entendéis…quizá no comprendáis cómo se puede seguir creyendo tras un acontecimiento así. Y mi respuesta es clara…necesito creer. Sé que mi hija vive, porque la siento, porque actúa…y yo quiero a toda costa poder reunirme con ella algún día…y poder entregarle todo el amor que tengo guardado para ella…para eso necesito la fe. Quiero ganarme el cielo.

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Lo que me gustaría transmitiros con ésto es que todo tiene un sentido. Cualquier acontecimiento. Cualquier sufrimiento. Igual en el momento en que lo estamos viviendo no lo vemos, y es normal…porque a veces el dolor es más grande que nuestras fuerzas. Pero mi experiencia es esta…que todo pasa por algo. Mi hija murió, sí. Pero como consecuencia de aquello, nacieron Yago, Francisco, Mateo, Israel, Esteban…y esperamos con alegría a la pequeña Carmen. Ellos lo saben, y hablan de su hermana con naturalidad, y cuentan con ella cuando la necesitan, y cada día la tenemos presente. Mi marido y yo nos queremos…con nuestras crisis y nuestros problemas, pero gracias a aquello, sabemos que, si se pide, se tienen fuerzas para superar hasta lo más impensable. Ella llegó a una familia destruida, y dejó una familia unida. Su vida vale. Su paso por este mundo fue indeleble.

No tengo fotografías suyas, claro…sólo conservo una eco, que tengo enmarcada junto a mi cama. Mi último pensamiento cada noche y el primero cada mañana van para ella. Porque mi vida sería otra si ella no hubiera llegado a darle la vuelta como un calcetín. Porque sin ella, en lugar de una madre normal, sería una fracasada de campeonato. Así pues, su vida y su muerte, y su nueva vida en el cielo, son un regalo enorme que yo no merecería ni viviendo trescientos años…

No os doy más la tabarra…espero no haberos escandalizado mucho. A mí me ha ayudado mucho escribirlo, porque a veces las cosas importantes se olvidan. Hoy en mi casa es día de fiesta, haremos un pastel y beberemos Coca Cola. Y celebraremos que la más pequeña, resultó ser la más grande…

 

 

66 comentarios en “Nazaret.”

  1. Gracias por compartir tu testimonio
    No he dejado de llorar… ni puedo imarginar el sufrimiento que es enterrar un hijo
    Pero estoy segura que desde el cielo ella te acompaña
    Yo sufri mucho cuando le duagnodticaron a mi hijo una malformación. Es durisimo y lo pasamos fatal…

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  2. Increíble testimonio. Un beso muy fuerte desde sevilla
    El día 24 hizo 32 que perdimos a mi hermana pequeña, casi gemela ,porque nos llevábamos 15 meses. Ella es nuestro ángel.
    Un día mi hija Inés (la mayor,5años) me preguntó por los ángeles de la guarda, le explique y le dije por la noche que le preguntara a su ángel como se llamara y que por la mañana al despertarse lo sabría, pues después de rezar antes de dormir ella me hizo y se lo preguntó, sabes lo que me dijo al levantarse? “B.días mamá, ya me ha dicho mi ángel como se llama,es una niña,María” ,que bien le respondí y ella siguió,”es mintita mamá, mi tita María, ella es mi ángel, me lo ha dicho”

    Un beso fuerte

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  3. Que bonito pero que panza de llorar me e pegado… Ese ángel os protege desde el cielo y esta muy feliz de la familia que tiene, mucho ánimo y para delante aprovecha a tus hijos que son preciosos y te necesitan y esa princesa que está por llegar que seguro os une un poquito más. Que envidia me das cada vez que veo una familia como la tuya, yo solo tengo uno y me costó bastante poder quedarme embarazada, me gustaría poder tener otro para que mi hijo no esté solo pero no creo que pueda ser… Un beso muy fuerte de una seguidora tuya😘

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  4. Aquí otra llorando como una magdalena. Qué pasada, qué testimonio, cuánta verdad en tus palabras. La vida eterna existe, ¡y cómo! Gracias por contarlo y por el bien que vas a hacer a muchos, entre los que me incluyo. Sólo vivirlo desde la fe da sentido.
    Yo también perdí a una hija a la que decidimos llamar Lourdes. Fue al principio del embarazo así que no es lo mismo para nada, pero sin duda nos ayudó muchísimo también, fue un paso enorme de Dios para nosotros. Lo dejé escrito aquí por si te interesa: https://www.mujeresteniamosqueser.com/brand-new/
    Aunque tengo que decir que me superas con creces 🙂
    Un abrazo enorme. Aún sin conocerte me encantas!

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    1. El momento es lo de menos…perder un hijo, para los que creemos que son eso, hijos, desde la concepción, es muy duro. Increíble tu experiencia también…mucho ánimo y mil gracias por tu cariño, me sobrepasa!

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  5. Me ha encantado lo que has escrito, el dia 2 de diciembre del 2017 perdimos a nuestro bebe solo estaba de 3 meses, y fue un palo muy duro para nosotros porque sabiamos que nuestro hijo juan no naceria pero teniamos la esperanza de tener a un angelito intercediendo por nosotros desde el cielo, yo tambien soy creyente soy de comunidades y experimente el amor de dios como el es un padre fiel, y no t abandona nunca y veo que gracias a el hoy estoy abierta a la vida y a todo lo que el me quiera mandar xq entendí en ese momento que yo no soy nadie que el es quien te da la vida y quien te la quita y que todo lo hace por algo, hoy por hoy tengo un bebe de 11 meses y un matrimonio muy unido

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  6. No puedes ser mas admirable!!! ….. sin palabras me quedo con tu historia. .. eres un gran ejemplo de lucha ,fuerza y Fe…. gracias por compartir algo tan privado y delicado. .un besote grande y a celebrar que tenéis un hermoso ángel en el cielo que siempre os protejerá.

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  7. Grandisimo testimonio! Es increible como hasta los mas debiles tienen una mision tan grande!
    Gracias a Dios no he pasado por perder a un hijo, pero perdí (perdimos) a un hermano de 23 años… por eso entiendo tan bien la sensacion de que está vivo y que actúa. De él tambien puedes hechar mano si lo necesitas…
    Un besazo enorme.

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  8. Muchas gracias por abrirnos tu corazon y contar una parte de tu vida tan importante y que tan marcado ha quedado. Te admiro por toda la fuerza que has tenido, tu y tu familia. La vida esta para vivirla como bien dices, gracias por hacerme ver lo que de verdad es importante.

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  9. Gracias Irene, me ha ayudado leer esto pues he vivido algún momento parecido. Es cierto que tú hija tenía una misión. Yo me quedé embarazada de mi cuarto hijo después de otros tres muy seguidos y tampoco era capaz de quererlo, fue un embarazo muy duro, pero este hijo ha sido una alegría en mi casa desde q nació. Hace poco me quedé embarazada, tres años después, con mucha ilusión y a los tres meses perdí el embarazo. Este hijo, q está en el cielo, me ha hecho presente q no soy yo quien da la vida sino Dios. He pasado unos meses difíciles en los q testimonios como el tuyo me han ayudado.
    Por cierto, di contigo de casualidad, pero el mundo es muy pequeño… Soy de Granada, y conocí en Londres a tus cuñados Edu, Virginia y Jesús, hace catorce años… Qué cosas, una q va atando cabos😘

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    1. Así es Elena…somos tan burras a veces que sólo con acontecimientos así aprendemos…
      Edu, Jesús y Virginia no son mis cuñados!! Es verdad que somos como hermanos, pero no de sangre! Les quiero como si lo fueran, eso sí! Un abrazo!

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      1. Jajajaja, confundí a tu Isra con su hermano Isra, al compartir Jesús un enlace a tu entrevista. Un abrazo y que te mejores 😘

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  10. Se lo q sientes y lo q sentiste ppr desgracia yo perdi un hijo von 14 dias. Hace dos años. Y gracias a eltodos hoy tengo a su hermana conmigo. No voy a contarte la historia por quelo es larga y muy dura y no si quiera se si estotno preparada para ello. Solo se que al igual q tu piensas. Mi pequeño heroe nos cuida desde el cielo y algun dia volveremos con ella. Un abrazo y siempre fuertes.

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  11. El día que siempre recuerdo es el 22 de noviembre,en 2011 nació nuestro 10 hijo , 2° varón, a las 22 semanas, aunque el ya estaba en el cielo desde hacía 2 semanas. A pesar de ser el 10 era muy deseado, lloré mucho cuando supe que ya no vivía, pero el Señor me concedió la gracia que le pedí: no pasar por el hospital. Vivíamos en Rusia y yo tenía pánico a un legrado allí. A la mañana siguiente a saber que lo había perdido Juan Pablo “nació” en casa, en silencio…cerca de sus hermanos y su padre y sintiendo como la Virgen me acompañaba… Un gran sello de amor de Dios en mi vida, estoy contenta de tener un hijo en el cielo al que espero conocer algún día.
    Gracias por contar algo tan profundo e íntimo, eres muy valiente.

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    1. Madre mía…me has emocionado con tu historia…qué valiente…es verdad que cuando uno está fuera se le suman otros miedos a cada historia…si yo te contara lo que pasamos en China…muchísimo ánimo, mil gracias por compartir tu experiencia…un beso gigante para vosotros y ya le pediremos a Juan Pablo también, ya…

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  12. Precioso. Gracias por compartir este duro testimonio.
    Puede que no comparta tus creencias, aunque sobra decir que lo respeto. Y al contrario de escandalizarme como bien tu dices, me ha llenado de fuerza. Al fin y al cabo, si tus creencias te han dado fuerza y consuelo, bienvenidas sean.
    Un beso enorme.

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  13. Buf….no he podido dejar de llorar…incluso ahora queescribo. Como tu dices…todo ocurre por algo…y es cierto,hay veces que solo nos fijamos en lo desgraciadas que somos porque las vosas no nos van como queremos…pero yo por suerte tengo Fe y me apoyo muchisimo en ÉL…aunque hay veces que tengo que pedire mas Fe,que me ayude a aceptar las cosas…porque entenderlas…a veces esi impsible. Yo entre mi segund y tercer hijo perdí uno…fue en el primer trimestre…buf como lloré…y un diauna matrona me dijo…que yo tenia 4 hijos…tres en la tierra y un angel en el cielo…y es asi!!aunqueno llego a nacer…para nosotros fue nuestro bebe que se fue al cielo y nos protege!y se quel dia que muera lo vere y conocere. Irene,me parece precioso todo loque has escrito y Nazaret desde elcielo es vuestro angel protector. Flicidades por la gran y hermosa familia que has formado

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    1. Así es, y ese convencimiento es el que nos ayuda y nos da fuerza para seguir adelante con el resto de nuestros hijos. Yo a Nazaret siempre la cuento! Tremenda fiesta montaremos cuando volvamos a estar juntas…y bien merecido descanso que tendrá, porque lo que le hago trabajar a la pobre…

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  14. Gracias por compartir el testimonio. Al final es verdad eso de que Dios escribe recto con renglones torcidos.
    No tienes en el cielo a un ángel, tienes a una santa!! Los ángeles envidian a los santos!!
    Llegaremos un día al cielo, y nuestra parcelita en el cielo se la deberemos a esos santitos que han intercedido por sus mamás y papás. Yo también espero llegar al cielo y que mi Víctor me llame mamá. Un abrazo

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  15. Hola Irene, se me han puesto los pelos de punta leyendote…pero no sabes lo mucho que me ayuda leerte…
    Cuando te vi en Instagram (que por cierto, enseguida me di cuenta de que tú eras de las mías 😉 yo también estoy en el camino) y veia tus fotos con todos tus niños, tan sonriente siempre, no sé porqué pero pensé pues lo típico, que te imaginas que tienes una vida facil, que habrás tenido partos buenísimos, que la vida te ha ido muy bien, que se te ve tan feliz con tus hijos y tu marido…
    Y no me podía imaginar todo estos sufrimientos.
    Yo acabo de tener a mi segunda hija, y ha sido un embarazo muy malo, con problemas, y un parto horrible… Una cesárea de riesgo… entré a quirófano sin saber si saldría viva básicamente…con riesgo de perder el útero…en fin…fatal. Y lo pasé tan mal, que yo también dije, NO VUELVO A PASAR POR AQUÍ. NO pienso tener ni un hijo más, a pesar de que yo también he querido siempre una familia numerosa, mi marido son 19 hermanos, y nosotros somos 13, vaya, que yo me casé con toda la ilusión de formar una familia grande. Pero de verdad que no me veía capaz de volver a repetir un episodio como este…
    Y bueno, gracias a Dios mi hija está bien y yo también, pero he estado fatal de ánimos, me ha costado mucho aceptar todo esto porque me cogió tan de sorpresa…
    El sufrimiento no entra nunca dentro de nuestros fantásticos planes, pero viene y viene, para mí también ha sido un antes y un después en mi vida. Y me ha ayudado mucho pasar por aquí y me ha hecho más fuerte.
    Y cuando leí que tú también habías tenido una cesárea fue como decir…y luego ha podido tener muchos más hijos!!! Vamos, porque a mí cuando me dijeron que me iban a hacer una cesárea, que obviamente no entraba en mis planes, pensé en que yo quería tener más hijos, pero que tener una cesárea ya con el segundo me complicaría los demás partos…y al verte a tí, me alegré. Es verdad que pienso en un parto futuro y me muero de miedo….porque cada parto es un mundo, pero bueno, supongo que Dios me ayudará. Y luego cuando leí que habías tenido a Fernando prematuro, y luego la historia de Nazaret…madre mía…yo me veo muy débil para poder pasar por cosas así.
    En fin que leer tu experiencia me da esperanza de cara a volver a tener más hijos y una vez más veo que con Dios todo sufrimiento se puede superar.
    Te agradezco que hayas sido tan sincera, porque con cada cosa que cuentas me siento identificada.
    Un abrazo muy fuerte desde Granada!!!

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  16. Hola Irene,me ha encantado tu testimonio, transmite mucha fuerza, mucha fe. Yo lo digo siempre, todo, todo, en ésta vida sucede por algo, todo tiene un por qué. Estoy segura que como tú dices, tu niña, os protege y os ayuda en vuestro día a día. Gracias, por transmitir tan buena energía, seguro que con tus testimonios estás ayudando a mucha gente. Me gusta leerte, gracias de nuevo, por compartir tu vida. Un abrazo muy, muy grande!!

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  17. Gracias por compartir tu testimonio y esta historia a la vez devastadora y esperanzadora porque trasmites fuerza de la forma en la que lo cuentas.
    No sé si me sigues en RRSS ni por el blog pero te contaré que he estado bastante mal desde julio y volver a la fe, a hablar con María en el oratorio del colegio de mi hija, es lo mejor que me ha podido pasar y sé que gracias a ello, ahora, aunque no estoy curada porque esto ya lo tendré conmigo siempre, se hace más llevadero y te anima a seguir adelante.

    Un fuerte abrazo!

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  18. Qué escrito más bonito y cargado de sentimiento, te entiendo en muchas de las cosas que describes (desgraciadamente o afortunadamente)nunca se sabe,un beso enorme a tí y a todo tu familia
    PD: no soy creyente ,pero no me has escandalizado ni mucho menos , sólo tú sabes lo que has pasado,lo que has sentido y tu necesidades de creer,.

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  19. OMG!! Ayer empecé a leerlo, tuve que dejarlo por atender el trabajo, pero hoy en cuanto he tenido un momento, y como me quede con muchísimas ganas de leerlo, lo he hecho y del tirón, casi sin pestañear!! Es una historia de las que si no tienes fe, como tu dices será difícil de creer… Pero desde aquí te puedo decir que en casa si tenemos fe, y que precioso es saber que un hijo vino para hacer una obra tan grande a esta tierra… y que siempre, esta para vosotros!! Admiro la fuerza que tenéis Israel y tu, para haber podido salir adelante con tal perdida… Un saludo desde Ontinyent (Valencia)

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    1. Un millón de gracias, Tania…como digo en el post, no sé vivir ni contar esta historia sin el prisma de la fe. Sin con ella es duro, no puedo imaginarme cómo será sin ella…así que me siento muy muy afortunada de la poquita que tengo, porque es verdad, y lo que comprobado, que se superan situaciones impensables…un beso grande!

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  20. Gracias por tu testimonio. Que Grande es Dios que todo lo hace bien aunque en el momento no lo veamos. es muy importante que la familia permanezca unida porque esta sociedad nos ataca por todos sitios. Mucho animo!

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  21. Guau, sin palabras y con muchísima emoción me has dejado. Una historia increíble, de superación, fuerza y fe. Me alegro mucho de que su paso por la Tierra dejara tanta impronta y, sobre todo, de que vosotros supiérais verlo. Tiene que ser muy duro.

    Un abrazo enorme.

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  22. Me ha parecido tu testimonio tremendamente honesto y auténtico. Esa niña pequeñita cumplió su misión y fue derechita al cielo. ¡Y que misión! Con tan sólo unos minutos de vida unió de nuevo a sus padres, os devolvió la fe, dejo paso a seis hermanos más y os dejó como objetivo el cielo. Impresionante. Sin duda Dios sabe más que nosotros. Enhorabuena por vuestro ángel Nazaret y por haber sabido ver en esta terrible pérdida el inmenso amor de Dios.

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    1. No sé si habrá algo más duro…ojalá no tenga que saberlo nunca!! Lo que sí tengo claro es de lo que tengo que echar mano en caso de sufrimiento…es una enseñanza única que me dejó mi niña…fíjate si es grande, que es ella la que enseña a su madre…un fuerte abrazo, Pilar. Muchas gracias por tu cariño.

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  23. Muchas gracias por compartir 🙂
    El día que os reencontréis será increíble… Mientras tanto, yo también creo en la comunión de los santos y en lo que nos ayudan desde arriba. Gracias por presentarnos a tu Nazaret para ello 🙂

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  24. Madre mía, Irene. No lo había leído hasta ahora y me has dejado con el corazón en un puño. Suena duro pensar que la Virgen cumplió tu deseo, pero todo cobra un sentido mayor con la perspectiva del tiempo, y de cómo vuestra hija ha reconstruido vuestra familia. Gracias, muchísimas gracias por abrir así vuestra intimidad y vuestro corazón. Esto es ser luz y a mí me ayudas muchísimo. Un fuerte abrazo

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  25. Me uno al club de las que terminan de leer llorando emocionada.
    Precioso todo lo que os ha regalado una cosita tan pequeñita, menudo ángel.
    Besos al cielo, Nazaret. Un abrazo enorme a su mamá.

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