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Vacaciones de verano para mí…y para ellos?

No sé para vosotras, pero para mí las vacaciones como que empiezan ahora, en el mes de julio. Porque antes, entre que las clases terminan cada vez más tarde (os acordáis de cuando nuestro verano duraba de 15 a 15??) y que mis entrañas de misericordia de madre me hacen mostrar un poco de compasión y dejarles un poco de libre albedrío y desfogue los últimos días de junio, no me pongo a organizar en serio la granja de pepito que resulta ser mi casa cada verano hasta primeros de este mes.

Y siempre me surgen dudas, claro…que aunque soy perro viejo en esto de la maternidad, los miedos a equivocarme están siempre. Y con respeto a las vacaciones suelo tener ahí algún combate. Por un lado, me gustaría que disfrutaran, hicieran el indio, se pasaran el día en remojo, y holgazanearan y jugaran hasta reventar, que para eso son niños…y por otro, veo la necesidad que cerrar con ellos rutinas, acuerdos, alguna responsabilidad en casa, y un poquito de tarea que les ayude a no sentir que sus profes les hablan en chino mandarino el primer día de cole tras las vacaciones.

Organizar una casa como la mía este periodo no es fácil y supongo que yo tampoco lo hago muy bien, pero como me habéis pedido mucho consejo a este respecto, allá voy, todo sea por vosotras.

Lo primero que tenéis que cuadrar son los horarios, que obviamente serán muuuucho más flexibles que durante el curso, pero siempre es bueno tener a qué atenerse. Un horario aproximado nos ayuda a estar más tranquilos y además, saber qué es lo que viene después, siempre aporta sosiego y seguridad (dentro de lo posible en una jungla como esta, claro). Durante el curso el horario es fijo, y nos trae de cabeza. Arriba a las 7, al cole a las 9, comida a las 14,30, inglés a las 18, cena a las 20…lo que sea!! Ahora en lugar de horas militares, nos marcamos intervalos horarios, para ir seguros, pero sin agobios. Yo por ejemplo, no les dejo dormir más tarde de las 11. Hombre, si hemos tenido fiestoncio en el jardín con amigos hasta las tres (cosa que es fácil que pase), hago la vista gorda, pero en el día a día, a las 10,30-11, toco diana.

La mañana procuro que la dediquen a actividades productivas, recogen sus habitaciones y cada uno se encarga de la tarea de la casa que le hemos asignado (y les viene estupendo para ir creando hábito de trabajo y responsabilidad), os dejo un artículo en el que especifican qué tareas pueden hacer según su edad por si queréis consultarlo aquí , pero en ésto, como en todo, nosotras somos las que mejor conocemos las capacidades de nuestros hijos, así que lo mejor es dejarse llevar por el sentido común.

Y después de las tareas de la casa, un poquito de las del cole. Ya sabéis que yo no soy muy partidaria de los deberes durante el curso, porque ya se pasan horas y horas sentados en una silla trabajando en clase, pero en verano creo que les viene de perlas por varios motivos. El primero es el más evidente, para no perder el hábito y mantener lo aprendido bien sujeto, porque con lo cabras locas que son, en dos tiradas a la piscina de cabeza se les olvida hasta la tabla del dos. Luego es fenomenal por lo que os decía antes, para mantener un cierto ritmo en casa, un ambiente de “todos a una” y una rutina, que, por más que se quejen de ella, a los niños les hace falta como el comer. Y luego por una cuestión de satisfacción personal para ellos. Os prometo que después de estos días que os comentaba de locura que les dejo tener al terminar el curso, les encanta sentarse a trabajar un poco y descubrir que son capaces de hacerlo. Minipunto y punto para la autoestima de los hijos! Con respecto a qué herramientas utilizar para este aspecto, es a vuestra elección total. Puedes elegir entre ser tú la que le ponga alguna tarea basada en lo que han aprendido durante el curso (yo para esto no tengo tiempo), utilizar “per sé” los libros que han usado durante el año (cosa que no recomiendo porque les suelen coger bastante tirria al final), o tirar de los libros de vacaciones editados al efecto (que es lo que hacemos la mayoría). Por si os sirve de ayuda, os cuento que nosotros este año estamos utilizando los de Edebé, y están siendo todo un descubrimiento. Me han gustado dos cosas, lo primero el diseño, que es muy atractivo y a los niños les llama muchísimo la atención, y luego lo cómodos que resultan. Puedes elegir entre un libro con trabajo para todas las asignaturas en general, o uno específico en la asignatura que más les haya traído de cabeza durante el año. Ésto es fenómeno, así incides justo donde los peques necesitan. Todos los libros están super bien organizados por temas y, gracias al sistema de pestañas, puedes ir de uno a otro muy fácilmente y a los niños les resulta chulo eso de tener libros en plan archivo, les hace sentir mayores! Aquí desde luego están triunfando, el próximo año repetimos seguro! Os he dejado el enlace un poco más arriba por si queréis echarles un vistazo. Me encanta que tienen de infantil, primaria y secundaria, y siguen todos un mismo patrón, así todos trabajan con el mismo sistema y se ayudan entre ellos. Estos cuadernos están pensados para preparar el próximo curso, más allá del repaso tradicional. Es un punto motivacional, así, cuando los terminen estarán listos para el próximo curso. El tiempo de hacer deberes lo marcáis vosotras, pero vamos…nada que les agobie ni les canse, aquí hacen como media hora. Y a veces tengo que cortarles, que algún año han terminado los libros en dos días y tampoco es plan…cada día un poquito y carpetazo.

Así que ya veis, entre las tareas domésticas y las escolares, hemos echado la mañana!! Si les sobra tiempo, un chapuzón antes de comer. La hora de la comida la marca un poco el trabajo de Isra, en verano intentamos comer juntos todos los días posibles, oscila entre las 14 y las 15,30 dependiendo del día. Para las comidas me complico cero. Ensaladas, gazpachos, empanadas…cosas rápidas, frescas, y que sean fáciles de comer y recoger, que de vacaciones estamos todos!! Después de comer viene uno de los temas que más os preocupa y por los que más me preguntáis. En mi casa, después de comer es la hora de las pantallitas. Yo siempre he sido partidaria de dejarles jugar con las nuevas tecnologías. Que sí, que nosotros nos pasábamos el día en la calle y éramos mucho más felices, pero lo cierto es que ellos conviven con estos aparatitos, y el que se los prohibamos sólo conseguirá hacerlos más atractivos. Yo tengo una máxima para casi todo en la vida. En lugar de prohibir, enseñar a utilizar. Y a utilizar de una forma responsable. Después de comer les dejo una hora y pico (la que nuestras madres llamaban “la hora de la siesta” y ya se está perdiendo) para que jueguen maquinitas. Quizá os parezca mucho tiempo, pero la realidad es que en mi casa con tanto niño y tan poca máquina, jugar a consolas o tablets también trae consigo momentos de negociación, empatía, trabajo en equipo y generosidad, así que no lo doy por un tiempo totalmente perdido.

Después de ese ratito de tranquilidad y sosiego (que yo aprovecho para trabajar un poco en estas cosas), viene el plato fuerte del día. La tarde!! Yo lo tengo fácil, gracias a Dios…aquí es de piscina a cascoporro. Si no tenéis, pues a la de la abuela, la tía o la prima. O a las municipales, que son estupendas y muy baratitas. Unas horas de batalla naval te dejan el descanso nocturno garantizado, así que sin pereza, a por ello. Cuando nosotros vivíamos en el piso y no teníamos piscina, ma pasaba las tardes en la plaza con bien de pistolas de agua, globos, bazokas, y todo lo que pudiera mojar y les hiciera correr. Agotarles es la premisa. Hacemos un descanso para la merienda, y vuelta a la carga. Es agotador, pero la verdad es que pasa volando.

En estos meses cenamos más tarde, claro…sobre las 22. y procuramos que sea un tiempo de estar todos juntos también. Os cuento que en verano me relajo bastante con el tema de la alimentación, no con lo que comen, que sabéis que aquí se come de todo, pero sí con “cuánto” comen…no me peleo tanto. Si no quieren comer, más hambre para la cena! Al final, como los días están repletos de actividad, lo normal es que devoren…recogemos la cocina entre todos, y a otra cosa mariposa!! Después de cenar pueden pasar tres cosas, que aún tengamos energía y nos de por salir a dar un paseo a la fresca, que ya termina de agotarles; que tengan ganas de jarana, pero no tanta y nos sentemos con unas cartas o algún juego de mesa todos juntos; o que tanto padres como hijos estemos tan reventados que pongamos una peli que vaya causando bajas y terminemos todos groguis en el sofá. Sea cual sea la opción, sobre las 23,30 suelen estar en la cama. Y nosotros aprovechamos para vernos un capitulín de la serie que toque o para roncar como lirones directamente si estamos en plan Camilo Sexto y ya no podemos más.

Este es un día tipo de vacaciones en casa. Luego hay imprevistos, claro…visitas inesperadas, cenas con amigos improvisadas, y sobremesas que se convierten en madrugadas. Son los caramelos del verano, que aquí nos encantan y los toreamos con gracia y salero. Y encantados de la vida!! Pero eso ya os lo cuento en otro post! Espero haberos ayudado, o al menos, haber saciado vuestra curiosidad! Feliz verano!!

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