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Tiempos de homeschooling

Bueno, bueno, bueno…hace tela que no me paso por aquí, pero ya va siendo justo y necesario. Los días difíciles que estamos pasando sumados al confinamiento, hacen que nos sintamos más solos que nunca, y he decidido que si desde esta ventanita puedo aliviar esa sensación, aunque sea unos minutillos, pues aquí me tenéis! Hemos hablado un montón de cómo llevamos el encerramiento a nivel anímico, pero muy poco de cómo lidiamos con lo cotidiano. Así que “pa empezar” vamos con con esas cuestioncillas prácticas que nos traen de cabeza estos días.

Sin duda el asunto de la escuela en casa es el rey de los trastoques actuales para montones de familias. Me habéis preguntado muchísimo en redes por cómo nos estamos organizando, y como es un poco largo de contar y aquí no tengo limitación de caracteres, he elegido este tema para retomar el blog.

Vamos a ello.

Sin duda en esto, como en todo, la experiencia es un grado. Empecé con una idea muy clara de cómo lo quería hacer, y poco a poco la realidad se ha ido transformando en otra cosa. Lo cierto es que al empezar esta situación nos bombardearon con miles de consejos de cómo afrontar con éxito los días de trabajo académico desde casa, y todas quisimos organizarnos lo mejor posible, y lo más ajustadamente a lo que nos contaban los especialistas por la tele… pero pasa una cosa, que no creo que ninguno de esos especialistas tuviera ocho hijos en edad escolar, porque aquí le puse toda la intención y al final me he tenido que dejar de consejos y guiarme por mi sentido común.

Aconsejaban que los niños tuvieran su espacio en un lugar apartado y tranquilo de la casa. Y lo cierto es que mis hijos tienen cada uno su escritorio, incluido Esteban, para trabajar durante la vida “normal”, así que al principio les puse a cada uno en su habitación, en sus mesas, y los quince primeros minutos fueron más silenciosos que los aires de Fujitsu. Los quince primeros, porque al dieciséis empezó la hecatombe.

Mamá, no entiendo ésto!!

Mamá, ésto no me sale!

Mamá, ésto no lo hemos dado!!

Me pasaba las horas de una habitación a otra, y malatendía a unos y a otros. Y es que claro, no es lo mismo hacer los deberes sobre una materia que has aprendido en el día, que intentar asimilar nuevos conceptos. Me di cuenta que no sólo necesitaban una supervisora, necesitaban una maestra en toda regla. Así que me até los machos y empecé a tomar decisiones.

La primera cambiar de escenario. Decidí pasar de las autonomías y centralizar el asunto en la mesa del comedor, que ha quedado convertido en nuestra escuelita. Y la verdad es que ha sido fenomenal. Es algo así como uno de esos coles que se veían en las pelis de oeste con un montón de niños de todas las edades. Os acordáis? Pues yo soy la profe de la falda abullonada a la que sus alumnos llevan manzanas para el recreo. Solo que éstos no me traen nada. Pero no se lo tengo en cuenta. La verdad es que con el trabajo concentrado en un solo espacio por fin empezamos a avanzar.

Una vez resuelto ese problema, nos encontramos con el siguiente. La comunicación con el colegio. Y no por defecto, no…quizá hasta por exceso!! Los primeros días fueron una auténtica locura, recibía diez o doce correos diarios, estaba al borde del infarto. Y claro, las madres no éramos las únicas, también los profesores! Porque también para ellos la situación era nueva!! Y al principio fue todo un descoloque. Me llegaban correos sin especificar curso ni profesor, imaginaos!! Muchas de las familias tienen un hijo solo, y así está chupao, todo es del mismo. Pero aquí averiguar de quién y para quién era la tarea era una labor de un calibre apto para cualquier programa de Equipo de investigación . Les comentamos nuestra dificultad y la verdad es que respondieron fenomenal, se pusieron las pilas y todo empezó a llegar bien clasificado. Cada mañana me sentaba con el correo, papel y boli. Copiaba las tareas de cada uno de los chicos en un papel, y se lo entregaba cuando llegaban a la mesa (libro tal, página cual, ejercicio pascual).

Tooodo bajo control hasta el siguiente escollo! Se fue difundiendo la versatilidad del google class y también nuestros profes empezaron a usarlo. Montones de clases, usuarios, claves, pestañas, tareas pendientes…todo multiplicado por siete u ocho. Y me parece una herramienta estupenda, pero qué queréis que os diga, a mí no me da la vida. Conste que me parece lógico que en estas circunstancias se tire de recursos on Line, libros digitales, webs educativas, fichas para imprimir…es lo más lógico, útil y práctico para la mayoría, pero nosotros tenemos un problema. En casa no tenemos impresora. Eso para empezar. Y hay un solo ordenador, el mío (porque Israel tiene uno que es de la empresa). Y mi ordenador lo tienen monopolizado los mayores porque reciben clases por directos de instgram, por zoom, y esas cosillas. Miriam está preparando la EVAU y tiene mucho trabajo por hacer, y entre ella y los dos de secundaria, el pobre portátil no descansa un minuto…así que con los pequeños no me ha quedado más remedio que apañarme a la vieja usanza. Hablé con el colegio y les comenté nuestras dificultades, y ellos la verdad es que fueron muy comprensivos, como siempre, que mi cole es estupendo porque está compuesto de un equipo humano maravilloso, y me han dado carta blanca para canalizar esta situación como mejor me convenga.

Lo que yo he hecho ha sido coger los libros desde el primer trimestre, y poco a poco vamos repasando los temas, afianzando conceptos y rehaciendo ejercicios. Me voy sentando cada mañana un ratito con cada uno y vemos el temario, y una vez lo tienen claro, hacen los ejercicios. Mientras estoy explicando a uno, los otros hacen las tareas más fáciles, conceptos que dominan, lectura, plástica… Igual lo estoy haciendo fatal, pero es la única manera en la que he visto que por fin avanzamos. Eso sí, sin agobios.

Porque otra de las recomendaciones que nos hicieron al principio fue la de fijar un horario estricto. Y Dios sabe que lo intenté! Pero al final he decidido que no. Porque me pasaba el día corriendo, agobiada y frustrada por no cumplir lo que decía el planning. Así que mandé el planning a tomar viento y decidí que era mucho mejor dejar que todo fluya.

Aunque ahora nos parezca mentira, somos afortunados. Todo estamos sufriendo, sí, pero tenemos una oportunidad única en la historia de parar. Mirar que estamos haciendo mal. Y corregirlo. Y creo sinceramente que el correr a todas horas era uno de los males más comunes en la era pre-covid19. Tan deprisa íbamos siempre, que apenas nos podíamos detener a mirar el paisaje… había días que cuando me metía en la cama por la noche, hasta me mareaba sólo de pensar en todo lo que había hecho, todo lo que había corrido. Y ahora tenemos la oportunidad de parar. No parar para no hacer nada, parar para hacer las cosas, todas las que son necesarias, pero BIEN. Así que no me agobio por los horarios. Sé que todos los días tienen que trabajar, pero no me agobio ni un poquito si un día en lugar de sentarse a las 10 lo hacen a las 10,30. O a las 11,00. O si un día hace muy bueno, alargo el recreo que llega después del Ángelus y se pasan hora y media jugando en el jardín, que vete a saber luego si viene una semana de lluvias y no podrán volver a hacerlo a vete a saber cuándo. Al día siguiente trabajarán más. O no! Todo es muy complicado estos días. En casa hemos pillado el bicho Isra y yo, y aunque ha sido de forma leve, no deja de ser un plomo…fiebre, dolor de cabeza, cansancio…a ésto le hemos sumado durante unos días la preocupación por mis padres, que han estado ingresados los dos, y lo han superado, gracias a Dios, pero hemos pasado unos días de mucho miedo en los que nos era muy difícil centrarnos en otra cosa. Y casos de gente cercana que están enfermos, amigos que han perdido a sus padres o hermanos. Miedo. Impotencia. Y teletrabajando los dos. Y la casa, las ropas, la pequeñita, las comidas…creo que no debemos exigirnos tanto, ser realistas y conscientes de la situación particular de cada familia. Es importante que trabajen todos los días, sí. Y que sean bien conscientes de que no estamos de raciones (bueno, ahora sí), pero sin perder de vista que estamos en una situación única, y difícil para todos. También para ellos, que parece que siempre son los grandes olvidados. Hay días que trabajan una hora, otros cuatro, otros seis y otros ninguna. No creo que se trate de una cuestión de tiempo, si no de cierta continuidad.

Ésto pasará, y volverán al cole. Y se pondrán al día. La verdad es que , aunque no estoy siguiendo los métodos de la mayoría, creo que lo que estoy haciendo funciona, y no tengo miedo de que se queden descolgados porque los niños son increíbles y su capacidad de adaptación nos da mil vueltas a los mayores. Y si se quedan descolgados, me da igual, os lo prometo. Seguirán adelante. Lo que no me perdonaría nunca es haber desaprovechado esta ocasión de oro para ayudarles a reencontrarse y reconciliarse con lo verdaderamente importante.

Contadme vosotras! Cuál es vuestra experiencia del cole en casa estos días??

6 comentarios en “Tiempos de homeschooling”

  1. Pues mi proceso fue parecido al tuyo, creía q con un horario estricto y siguiendo las indicaciones lo más fieles a su rutina anterior tendríamos éxito. Pero no, no funcionó mas q el primer día. Ahora aprovechan el tiempo para jugar en el jardin durante horas, dejó q el juego, la imaginación y la creatividad dicten lo q quieren hacer, y lo voy intercalando con alguna hoja de cálculo, o escritura, o leer las palabras de las cajas de los cereales, sumas y restas con las mandarinas del frutero, etc… Luego cada día intento tener a uno individualmente con el que cocino, o le enseño a limpiar el baño, o poner una lavadora, etc… A turnos y así todos tienen su tiempo con Mammy.

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  2. Gracias preciosa. Me llenó el alma leerte. Os tenemos presente en nuestras oraciones. Cada día.

    Te quiero. Mucho ánimo

    El lun., 6 abr. 2020 20:31, Soy una madre normal escribió:

    > Irene Alonso posted: ” Bueno, bueno, bueno…hace tela que no me paso por > aquí, pero ya va siendo justo y necesario. Los días difíciles que estamos > pasando sumados al confinamiento, hacen que nos sintamos más solos que > nunca, y he decidido que si desde esta ventanita puedo ali” >

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  3. Hola Irene !
    Yo empecé como tú , horario estricto los levantaba casi a la misma hora (les dejaba un cuarto de hora más …) de cada día , hay que cumplir el planning semanal ! Eso tenía metido en la cabeza .Yo seguía con el ritmo de todas las semanas hasta que llego el lunes de la segunda semana y no me pude levantar , mi cuerpo me dijo hasta aquí ( hay que decir que a parte de las clases me dio lo de que hay que aprovechar para hacer limpieza a fondo ) entre agotamiento que llevaba acumulado del trabajo , mi problemita de Salud y el insomnio ,no nos levantamos pronto pero hicimos todo mucho más tarde y no pasó nada ,así que ahora si nos ponemos a las 9 muy bien si nos ponemos a las 10 o las 11 pues también y se acabo ese agobio de venga que es la hora de hacer deberes y no nos hemos puesto , ya vamos tarde …. ahora llevamos nuestro propio ritmo sin dejar de hacer sus tareas pero sin agobios de horarios y un día se hace más que otro y al revés . Y parándonos a disfrutar de los momentos con ellos que falta nos hacia .

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  4. Toda esta situación es nueva para todos, yo puedo hablar desde la experiencia de estos días como madre de familia numerosa (no tan grande sólo 4 hijos, pero muy peques , 5, 3, 1,5 años y la pequeña de 6 meses) y también como profesora especialista, digo especialista porque no es lo mismo que tutora, los tutores tienen su grupo y dan clase al grupo paralelo y poco más, yo soy especialista doy a todo el colegio, soy profesora de Religión, doy toda infantil y toda la primaria, me he juntado con casi 300 alumnos online y las clases de mis dos mayores, las de los míos por classroom pero mis alumnos por telegram a nombre de sus padres, una completa locura, recibiendo mensajes constantemente, fotos de cuadernos sin nombre ni curso, programando el sábado y domingo, porque durante la semana sólo me da tiempo a corregir y ahora que llega el final de curso, tengo a compañeros pidiendo notas y actas rellenas, vamos una locura en toda regla, y además yo me encontraba sin material y sin el ordenador de profe, porque yo estaba de permiso maternal y solicité excedencia que por el estado de alarma no se tramitó y me tocó volver después de Semana Santa y todo el material y el ordenador lo tenía y sigue teniendo mi sustituta, tuve que trabajar vía tablet y móvil y al final no me quedó más opción que comprarme un ordenador. Entiendo perfectamente a las familias sin recursos, pero no nos olvidemos que los profesores no lo estamos teniendo nada fácil, desde inspección nos piden seguir horario escolar como si no tuviéramos familia que atender, y papeleo sin sentido, todavía no he tenido tiempo ni de hacer cambio de armario, la casa imposible, no da tiempo, y me da igual los cambios de fase, sigo sin salir de casa, porque siempre hay trabajo. Creo que los profes somos los olvidados de estos días. De todos esos alumnos que tengo, son pocos los que me dan las gracias, pero al menos esos pocos lo hacen tan grandemente que me hacen sentir que todo mi trabajo y dedicación a ellos ha merecido la pena, pues no sólo me escriben los alumnos, también los padres, que normalmente tienen trato con los tutores y a los especialistas sólo cuando hay un suspenso, ahora creo que me han conocido más y saben que tienen a sus hijos en buenas manos, por eso me estoy quedando con lo mejor. Aunque me duelan los ojos de estar frente al ordenador, que no duerma por las noches, que este tiempo me ha dado la oportunidad de ser también la profesora de mis hijos y he visto como han avanzado y aprendido, y sé que cuando vuelvan al cole voy a sentir que les pierdo un poquito, pues si pudiera seguiría yo dándoles clase.
    Gracias Irene por compartir tu experiencia como madre.
    Un abrazo en Cristo.

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