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Porque yo lo valgo.

El embarazo es una época complicada en lo que a cuidado personal se refiere. Porque
cuidamos de todo lo que pueda afectar al bebé, lo hacemos desde el principio… Cuidamos la
alimentación, no se nos pasa ni una revisión prenatal, jamás nos olvidamos de la medicación que nos toque… Pero hay cosas que definitivamente tendemos a olvidar. ¡Como que también existe la madre de la criatura!

Y es que la donación de una madre es tan grande desde el principio, que muchas veces nos dejamos de lado, nos olvidamos de nosotras mismas, y nos da a veces hasta remordimiento de conciencia el dedicar tiempo, o invertir un presupuesto en cuidarnos. Nos parece algo banal cuando nos traemos entre manos algo tan trascendente como la creación de una vida. Y claro que no es tan sustancial, pero sí que es algo muy importante, y que puede suponer una gran diferencia en el desarrollo del embarazo. Porque una gestación no es solo cómo crezca el bebé, ni que todos nuestros controles sean los apropiados y estén ajustados. También es un viaje largo, en el que estamos sometidas a muchísimos cambios físicos, hormonales, anímicos… y es aquí, para domar este dragón, para lo que toma vital importancia el cuidado personal.


Lo cierto es que, sobre todo el primer embarazo, nos pilla de sorpresa. ¡Yo he ido haciéndolo
cada vez mejor! Y he ido aprendiendo poco a poco que cuidarme yo, ha redundado en un
bienestar mayor para el hijo que llevaba dentro, y luego también para los demás, y para todo el que me rodeaba acompañándome en el camino de la gestación. Pero, sobre todo, me ha ayudado a mí. Que yo también lo valgo. Todas lo valemos. Pasamos muchos meses dando la vida entre el embarazo y la lactancia. Así que lo valemos. Nos lo merecemos. Es algo que
conviene repetir en alto de vez en cuando. Lo necesitamos y nos lo merecemos.
¡En mi primer embarazo yo me dejé llevar y no veáis de qué forma! Tenía 22 años y era un
bombón, y sin saber cómo me encontré de pronto con 27 kilos de más, vestida como una
señora de 50 años y con un corte de pelo que no llevaría ni mi madre. Y vale que el embarazo te hace madurar, sí. Pero esto ya es pasarse. ¡Veo las fotos con absoluto horror y no dejo de preguntarle a Israel por qué no me decía nada! Lo que pasa es que él es taaaan bueno, que siempre me contesta que yo le gusto de todas formas. Es un auténtico ángel.
Teniendo como base aquella primera experiencia, hay cosas que he ido aprendiendo. Y me he cuidado cada vez más. Y he descubierto que el sentirme yo bien conmigo misma, el sentirme guapa, el sentirme ágil, o el estar conforme con la ropa que llevo durante el embarazo, me ha ayudado a afrontar las dificultades y los baches que todo embarazo tiene con mucha más capacidad. ¡Llamadme frívola si queréis, pero es mi experiencia!

Hay aspectos básicos que son los que yo pienso que hay que cuidar: la vestimenta, el estado
físico, el peso y la piel. Vamos a repasarlas un poco.


En cuanto a la ropa, yo he ido madurando un estilo propio durante mis embarazos. Es curioso, en los primeros usaba toda la ropa específica de premamá, toda. Y ahora la ropa premamá ha cambiado un montón, pero por aquel entonces (que hace la friolera de 18 años), no eran diseños especialmente atractivos. Y aunque ahora hay ropa premamá preciosa, lo cierto es que cada vez utilizo menos ropa específica y más ropa de la “normal”, de temporada, ajustada a mis circunstancias. Las partes de abajo son más complicadas, sobre todo los pantalones, que llega un momento en el que tienen que ser maternales sí o sí. Pero el resto: faldas, vestidos, camisas, jerséis… es facilísimo encontrar prendas que podamos utilizar aún muy avanzada la gestación, tirando de cinturas elásticas, diseños amplios y tendencia “oversize”. A mí me parece que favorece mucho más, y nos hace sentir menos raras llevar la misma ropa que el resto de la humanidad… que, entre las náuseas, los andares de pato, el no vernos los pies y el crecimiento exagerado de salvas sean las partes, ¡bastante diferentes nos hacen sentir ya! Yo soy súper de vestidos amplios en los embarazos. Lo primero porque me resulta comodísimo ir sin nada apretándome por ningún sitio, lo segundo porque es muy fácil encontrarlos monísimos y que nos entren sin problemas, y tercero porque es una prenda que, por lo que conlleva la lactancia, luego voy a pasar muchos meses sin poder utilizar. Mis básicos son leggins con partes de arriba larguitas “oversizes”, faldas de cinturilla elástica sobre la panza con alguna camiseta más ajustada y un blazer, y vestidos amplios (largos o cortos), con botas altas monas.

Vamos con el estado de forma. Lo sé. Embarazadas no nos apetece un carajo ponernos a hacer otra cosa que no sea despanzurrarnos en el sofá. Y ya me conocéis, sabéis que yo no soy de esas superinstamamis que van al gimnasio y tienen entrenadores personales. Pero sí que es algo que cada embarazo encuentro más importante. Mantenerme activa me ayuda a
encontrarme mejor, a que el embarazo se me haga más llevadero, y a llegar al final sin tener
esa sensación de necesitar a la estación espacial internacional para ir de la cama al cuarto de baño. También a fortalecer para evitarnos lesiones y dolores musculares provocados por el aumento de peso y volumen. Y os prometo que es fácil y tampoco requiere de mucho
esfuerzo, solo de un poco de fuerza de voluntad. Son detalles muy básicos y que todas
sabemos perfectamente:


-Dejar el coche todo lo posible, caminar, caminar y caminar. Yo me obligo a andar al menos
una hora al día.
-Olvidarnos de los ascensores siempre que nuestra capacidad pulmonar nos lo permita, subir escaleras, aunque nos dé más pereza que arrancarnos con el cambio de temporada en los armarios.
-Bailotear todo lo que nos pida el cuerpo, por muy raro que te mire tu marido o, aunque te
parezca que tus caderas han desaparecido de repente sin dejar rastro en algún momento entre las semanas 15 y 22.
-Y también haceros con un par de artilugios que os pueden ayudar mucho, ya no solo a
mantener el estado de forma, sino a fortalecer la musculatura y prepararla para el parto. Yo
tengo dos básicos que para mí son auténticos salvavidas y más sencillo no puede ser. Una bola y un elástico de pilates. Podéis encontrar en YouTube cientos de tutoriales de ejercicios para el embarazo y preparación al parto utilizando estos dos cacharritos. A mí me van de lujo, la bola ya la conocía y utilizaba desde el embarazo de Esteban, y me ha ayudado mucho de cara al parto. ¡El elástico lo he descubierto este embarazo y no sabéis la de dolores musculares que me está ahorrando!
El asunto del peso va estrechamente ligado a esto. A ver, hay que ser realista. Lo normal (y
hasta saludable) es engordar, claro. Pero dentro de unos límites. Y mira que yo soy de no
privarme de nada, que me gusta comer más que un viernes de puente. Pero es verdad que,
aunque durante el embarazo no le damos demasiada importancia, luego es algo que nos pesa mucho (nunca mejor dicho). Este embarazo, con el rollo de la dieta por la diabetes, estoy aprendiendo que comer sano marca una gran diferencia. ¡Tengo las analíticas como nunca! Aun teniendo antecedentes, estoy manteniendo la tensión a raya; y por primera vez desde hace como cinco embarazos, mi tiroides está funcionando con el mínimo de medicación. ¡Ojo!Que digo yo, que la que pueda, se dé un capricho de vez en cuando, pero de verdad que no se pasa hambre comiendo saludable. Ni supone un trauma terrible pasar por el pasillo de los bollos sin mirar atrás. Uno de vez en cuando, fenomenal. Pero no abandonarse a los placeres de la gula, que cuando luego intentamos ponernos de nuevo nuestros vaqueros de siempre nos acordamos de la rosquilla, de la hamburguesa, de la tableta de chocolate con almendras y de la madre y la abuela de todos ellos. Moderación. Como ante todo en la vida.


Y, por último, pero no menos importante, el cuidado de la piel. La piel es el órgano más grande del cuerpo, y uno de los que más afectados se ven por los cambios durante el embarazo. Por eso, una buena rutina del cuidado de la piel es importantísima para minimizar las secuelas que tanto cambio puede dejarles. Cada zona tiene su cuidado específico, porque tiene sus daños propios.
La cara, por ejemplo, sufre sobre todo por los cambios hormonales. Hay quien sufre rebrotes de acné que no recordaba desde sus épocas de instituto. Puede aparecer cloasma, que son esas manchas rojas que a muchas nos salen a modo de colorete tipo Heidi. Las que ya tienen manchas de sol, tienden a notar que se agravan; y a las que no tenían, les salen más fácilmente. ¡Híper pigmentaciones por doquier! Para mantenerlas a raya, aunque es imposible controlarlo del todo al ser la mayoría de causa hormonal, hay que hacer un buen trabajo de cuidados, una buena rutina facial. Lo que las instagramers de verdad llaman “Skin care”, que me lo han chivado mis hijas.
Yo me hago una exfoliación a la semana. Y utilizo dos mascarillas semanales: una purificante y otra de hidratación profunda. En el día a día he aprendido a no saltarme nunca el cuidado de la piel. Al principio da mucha pereza, pero os lo digo siempre. Son cinco minutos, y el cambio es monumental. Cada noche limpieza profunda, tónico, crema regenerante y contorno de ojos. Y cada mañana limpieza ligera, tónico, vitamina C y crema hidratante. Parece un montón, pero una vez que te pones, lo haces en un plis.
Y una vez controlada la cara, nos queda el resto del cuerpo. Anda que no sufre la piel con tanto estiramiento. ¡Entre el crecimiento de la tripa, y lo modificadas que quedan algunas zonas por el aumento de peso, la que se nos puede liar en la piel!! Este ha sido uno de mis últimos aprendizajes. ¡Fijaos si soy tonta que las zonas de la piel que más sufren por el embarazo son a las que menos cuenta echaba! ¡Pero nunca es tarde si la dicha es buena! Y empezar a cuidarme la piel del cuerpo con el mismo mimo que la de la cara ha sido una determinación fabulosa.
Las estrías son una de las consecuencias del embarazo que más nos traen de cabeza. Hace
unos días hablábamos de ello en una de mis publicaciones y así me lo transmitíais. Además, es un tema controvertido, porque de cara a la galería, casi está hasta mal visto reconocer que no nos gustan o que nos hacen sentir acomplejadas. Por aquello de las cicatrices de la vida y esas cursilerías (que son cursilerías, aunque sean ciertas) que a veces nos inventamos para sentirnos mejor. Lo cierto es que muchas de vosotras me manifestasteis por mensaje privado el sufrimiento que os suponen y los complejos e inseguridades que os crean. Yo ya os lo dije, que en la tripa no tengo ni una. Pero sí en las piernas, por ejemplo, y nunca pensé en empezar a tratármelas hasta que descubrí en Instagram a la doctora Borregón y sus recomendaciones.
Es cierto, además, que en este embarazo sentía que mi piel estaba sufriendo más de lo normal. Supongo que, por el hecho de haber cogido un montón de peso, haberlo perdido luego de pronto con la dieta, que Bosco ha sido más grandecito de lo que le tocaba y que no sé por qué siento que tengo más tripa que nunca… todas esas cosas afectan, claro. Así que no me lo pensé dos veces y empecé a usar Trofolastín, como recomendaba la doctora. Que el no haber tenido estrías hasta ahora, no significa que esta vez no pueda tener. Ya veis, con tantos embarazos, ¡este es el primero que tengo diabetes, por ejemplo! Así que empecé también con mi rutina de cuerpo. Incidiendo especialmente en los muslos y en las caderas, que suelen ser las zonas más afectadas. ¡Y en la tripa, claro! Cada noche y cada mañana. Y he notado un cambio brutal. Ni picores, ni rojeces y un aspecto general muchísimo más saludable. Además, las pocas estrías que sí tenía en las piernas se han visto bastante reducidas. Así que os recomiendo el Trofolastín de todas todas.
Para prevenir las que puedan aparecer y para mejorar el estado de las que ya tengáis. Además, cunde muchísimo, se extiende fenomenal y huele increíble.


¡En fin! Que mi consejo es que disfrutéis de esta etapa maravillosa, y que hagáis lo posible por reflejar en vuestro exterior el milagro maravilloso que se está produciendo en vuestro interior. Y que no os sintáis culpables por dedicaros un tiempito, y unos cuidados. Que ya no es solo que nos lo merezcamos, es que lo necesitamos. Y con poquito que pongamos de nuestra parte, el recuerdo que tengamos del embarazo será mucho más bonito, mucho más completo, si conseguimos sentirnos bien con nosotras mismas.

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